Mostrando entradas con la etiqueta Muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Muerte. Mostrar todas las entradas

30 abr 2017

El Hombre de Mimbre y la Rama Dorada

 

Con frecuencia en los blogs de paganismo y wicca se suelen encontrar listas de películas relacionadas con estas temáticas. Es curioso que entre ellas pocas veces aparece citada The Wicker Man. Para mi no sólo es una buena película con una banda sonora estupenda que me escuchado en bucle una y otra vez, sino que es la mejor película neopagana que he visto. Antes de entrar en detalles tengo que hacer una aclaración importante, me refiero a la película británica de 1973 con Christopher Lee, la versión de 2006 en la que sale Nicolas Cage es un truño, no hay más que ver la diferencia de puntuación entre una y otra en cualquier web de críticas cinematográficas: en Rotten Tomatoes la de 1973 tiene una puntuación del 90% mientras que la de 2006 sólo llega al 15%, quedándose con una parte muy superficial de la trama original. Voy a hacer muchos spoilers de la película, si no la has visto aún, te recomiendo que la veas antes de seguir leyendo.

Como comentaba antes, es una película neopagana. ¿Por qué? Porque la sociedad que aparece retratada en el film no pretende continuar antiguas tradiciones, sino que por sí sola decide abandonar el cristianismo y recrear o retomar tradiciones del pasado que honren a dioses de la naturaleza para que de este modo les sean propicios sus cultivos. Este paganismo se puede vislumbrar en los ritos y dramatizaciones que se realizan en la película, pero también en la multitud de detalles que aparecen salpicados para el ojo que los sepa ver, como trenzas de trigo, un green man y distintas supersticiones relacionadas con la magia simpática. Además de todo esto, se muestra a una pueblo en que la música, la expresión y la sexualidad son vistas de una manera muy abierta y natural. Entiendo que en 1973 la mayor parte de Reino Unido sería bastante similar al policía ultracatólico que se escandaliza con cada muestra de paganismo, pero hoy la forma en la que vive el pueblo parece casi normal, mientras que la visión extremista del policía resulta esperpéntica.

A continuación voy a explicar algunos de los distintos ritos y creencias que aparecen en la película apoyándome en el ensayo La Rama Dorada, de James Frazer, pues muchos elementos parecen tomados de este texto de forma literal. 

Totemismo
Aunque no queda del todo claro durante la  película, se da a entender que cada familia o cada persona podría tener un animal totémico del cual se disfrazan y en el cual se reencarnarán después de muertos. Lo que sí se dice es que la muchacha desaparecida, Rowan, se ha transformado en una libre que corre por los campos y es feliz en ese estado, no ha muerto ni desaparecido. Similares creencias se encuentran también entre los indígenas americanos, entre los que no sólo hay un totemismo personal o de cada poblado, sino que en el tránsito de la adolescencia a la edad adulta se realizan rituales de iniciación en los que el novicio muere supuestamente para resucitar en la forma de un animal, al que estará ligado de por vida.

Llevarse la muerte
En una escena de la película, la mañana del 1 de mayo una procesión de niños se lleva una muñeca amortajada fuera del pueblo mientras dicen: "llevamos la muerte fuera de la aldea". Esta tradición se encontraba de forma literal en la antigua Bohemia, y con algunas variaciones en el resto de Europa. Habitualmente este rito venía acompañado de la realización de una segunda muñeca vestida de novia o con flores y hojas, representando una la muerte y otra la renovación de la naturaleza. En la película, esta segunda parte se podría ver en el final, cuando aparece Rowan vestida de blanco y con flores. Ella, que había estado oculta, es el espíritu renovado de la vegetación, la nueva vida. Además, su tránsito adentrándose en una cueva oscura y saliendo por una apertura estrecha representaría de forma metafórica su nuevo nacimiento, su renovación.

Palo de mayo
Mucho se ha escrito ya sobre el palo de mayo, una costumbre extendida por toda Europa y que toma diversas formas, bien como un poste en torno al cual se entrelazan cintas con cánticos y bailes (tal y como aparece en The Wicker Man) o como elemento en torno al cual se disponen flores, musgo y elementos vegetales (como sucede en España). En la película se dice que es un símbolo fálico y de hecho se cree que representa la parte masculina del espíritu de la vegetación, que en ocasiones se "casa" con la parte femenina, de la que ya se ha hablado antes, representada con una muñeca o una chica vestida de novia y con elementos vegetales. Su matrimonio se supone que fomenta la fertilidad en la naturaleza.

Cordón umbilical 
En el cementerio, cuando el policía investiga la tumba de Rowan, encuentra sobre la misma un árbol plantado y, colgando del árbol, el cordón umbilical de la niña. Aunque no he encontrado transposiciones literales, es cierto que los maoríes plantaban un árbol al nacer un niño sobre el cordón umbilical del mismo, de tal forma que la vida del árbol se encontraría ligada al de dicha persona. En este caso, se podría entender como una redundancia: Rowan ha reencarnado en una liebre pero a su vez, su alma está resguardada en el árbol que crece sobre su tumba, ligado al cordón umbilical.

Rana como animal curativo
El hecho de introducirse una rana en la boca para que tome con ella los males y dolores de la persona aparece recogido en autores romanos como Marcelo, y es una costumbre que se podía ver en Cheshire. En un acto de magia simpática se vincula el ronco croar de la rana con los achaques de la garganta. En La Rama Dorada aparece recogido este testimonio: "Yo le aseguro -decía una anciana que frecuentemente había dirigido esta clase de curas-, que solemos oír a la pobre rana estertorar y toser, mortalmente enferma, durante muchos días después."

Trenzas de trigo
Durante toda la película aparecen en las casas del pueblo elementos intrincados y trenzados de trigo a los que no se ofrece ninguna explicación. Pues bien, era costumbre extendida en toda Europa que a la última gavilla de trigo que queda al segar los campos se le llamase la "madre" o la "abuela", pues se suponía que en ella se había guarecido el espíritu de los campos de cereal. Ésta tenía un tratamiento especial y habitualmente era trenzada y guardada en casa, para así preservar el espíritu de las cosechas hasta el año siguiente e impedir que muriese. 

Libación de cerveza
Aunque a lo largo de toda La Rama Dorada se habla en repetidas ocasiones de libaciones de cerveza para propiciar la fertilidad de los campos de cereales o para atraer las lluvias sobre la tierra, no se menciona la libación de la misma en el mar, pues lo habitual era que se vertiera sobre hogueras o sobre los propios campos. En este caso la libación está vinculada no a las cosechas, sino a la pesca.

Espadas en Beltane
En distintas narraciones sobre la celebración del ritual de Beltane aparece el uso de espadas para dramatizar la muerte del antiguo espíritu de la naturaleza y propiciar la llegada de uno nuevo.

Mascarada - desgobierno - rey loco
Uno de los temas recurrentes que se puede observar en La Rama Dorada que aparecen repetidos a lo largo y ancho del mundo es el período de desgobierno en que los papeles sociales se invierten. Así nos encontramos las antiguas Saturnalias, los carnavales y algunas celebraciones de Beltane. Durante estas celebraciones es habitual que se corone como rey a una persona cualquiera, cuyos deseos deberán ser satisfechos. Este rey encarna a la parte masculina del espíritu de la naturaleza y en muchas culturas es sacrificado de forma literal para permitir su renovación, así como que no envejezca, mientras que en otras tan sólo se dramatiza su muerte. 

Latigazos
Acompañando a estas celebraciones aparece vinculado el uso de látigos o ramas, también muy frecuente en toda Europa, incluso en la actualidad. En los carnavales gallegos es muy habitual que los Peliquieros den latigazos a la gente y las Pantallas los golpeen con vejigas infladas. En un viaje que hice a Praga durante Semana Santa era habitual que se vendieran ramas de sauce con brotes jóvenes adornadas con cintas,  y según ellos se usaban para golpear a las mujeres y fomentar así su fertilidad. James Frazer opina que la función de estos elementos es espantar a los males y demonios y permitir de este modo que la fertilidad aflore de forma natural.

Salto del fuego
Actualmente estamos acostumbrados a los rituales del solsticio de verano y las hogueras que se realizan y se saltan para purgar los males. Estas hogueras también eran habituales en Beltane, que servían para propiciar la fertilidad de los campos, los animales y las personas.

Sacrificio humano - el hombre de mimbre (wicker man)
El tema principal de La Rama Dorada consiste en explicar a lo largo y ancho del mundo la multitud de ritos de renovación en los cuales un dios tiene que morir necesariamente para permitir su propia renovación. Como se ha explicado, hay multitud de formas de representación de este ritual, que generalmente se dramatiza, aunque en otras culturas más alejadas se realiza de forma literal. La forma en que este sacrificio aparece representado en la película, lo realizaban los antiguos druidas de la Galia y lo narra Frazer de forma idéntica a como sucede en el filme: "Construían imágenes colosales de cestería o de madera y yerbas, que rellenaban de hombres vivos, ganado y animales de otras clases; después prendían fuego a las imágenes, que ardían con todo su contenido viviente." Este ritual se celebraba cada cinco años y se empleaban criminales o presos de guerra para los sacrificios. Según da a entender el autor de La Rama Dorada, esta costumbre se perpetuó a través de los siglos en Europa mediante la construcción de muñecos de mimbre que posteriormente eran quemados (en Ourense se sigue quemando un muñeco, el Meco, en Carnavales). Posiblemente haya devenido también en las mútiples representaciones del espíritu de la naturaleza masculino, como "Jack el Verde" o muñecos cubiertos de vegetación. Me atrevería a decir que posiblemente los gigantes que son sacados en procesión en algunas fiestas populares podrían tener una procedencia similar.

Epílogo: ¿era necesario?
Como se ha visto en los distintos apartados, muchas de las celebraciones que aparecen durante el día de Beltane en The Wicker Man son una reiteración del mismo tema: la muerte y la renovación de la naturaleza. En mi opinión, un sacrificio humano no hubiera sido necesario, pues las dramatizaciones que se hacen y todo el juego que sigue el pueblo con la desaparición de Rowan, podrían haber tenido un final tras su internamiento en la caverna y renacimiento ritual, que el pueblo la celebraría como la renovación de las tierras y cosechas. Sin embargo... es al fin y al cabo una película de ficción.

21 oct 2016

3 películas diferentes para Samhain

Fotograma de la película Despedidas
Es usual que las celebraciones de la noche del 31 de octubre tengan un carácter festivo. Una de las formas más frecuentes de celebrar es ver una película con los amigos o familia. Hay muchos títulos que nos vienen a la memoria si pensamos en Halloween o Samhain, películas de brujas, de fantasmas, de miedo, de fenómenos paranormales o de risa. La pequeña lista que ofrezco a continuación no incluye ninguna de las características anteriores. Quizás la noche del 31 no es la más adecuada para verlas, pero su temática es muy adecuada para integrar y reflexionar en este tiempo. Estas películas abordan la temática de la muerte desde distintos puntos de vista. Tengo la sensación de que muchas veces dentro paganismo (como fuera de él) abusamos de la palabra "muerte" diluyendo su verdadero significado. Estas películas nos la recuerdan y nos conectan con la dimensión profunda de este hecho inevitable. Pero además, no hago recomendaciones a la ligera. Las tres son muy buenas películas que una vez empiezas no puedes parar de ver, muy sinceras y además, premiadas en distintos festivales de cine.

Truman. (2015) La aceptación de la muerte.
Una sorprendente película española que aborda una maravillosa relación de amistad entre los dos protagonistas, uno de los cuales es un enfermo terminal. Éste se tiene que enfrentar a su propia muerte, realizar los preparativos y despedidas, así como enfrentarse a un viaje que le produce más angustia de la que deja traslucir a sus seres cercanos. Sinceramente no me esperaba ver una película tan bonita con este argumento, los actores hacen una interpetación espléndida, muy alejada del dramón lacrimógeno que uno espera ver al leer el argumento. Quizás, y no destripo nada, muestra la importancia que tiene estar ahí, mostrando apoyo a la persona que va a morir, aunque no se diga nada, aunque no se haga nada especial. También abre la puerta a preguntas profundas de corte ético sobre el derecho a la eutanasia o la medicalización de la muerte.

Despedidas (2008). El tránsito y su rito.
Posiblemente una de las películas más interesantes para ver desde el punto de vista pagano. Explora la importancia de los ritos de paso y las tradiciones para reconfortar a la familia. En concreto se representa el rito de amortajamiento, ejecutado como una calculada coreografía de profunda belleza. Además, representa los tabús acerca de trabajar en el ámbito funerario y la no aceptación de un trabajo que es necesario.

Loreak (2014). El recuerdo y el duelo.
Si pienso en duelo no puedo evitar acordarme del exagerado luto que llevan las protagonistas de La Casa de Bernarda Alba. Sin embargo, el luto actual dista mucho de cómo se llevaba hace un siglo y esta película es buena muestra de ello. Un luto silencioso y somero, sólo incentivado por las personas más mayores de la familia. Negar la expresión de dolor o la visita de la tumba son una manera de no aceptar que la muerte se ha producido. Al final se puede observar que quien trató de ignorar esa muerte y su luto, no ha sido capaz de superarla y busca una cierta reconciliación con el difunto. Una película lenta pero muy poética y nada lacrimógena.

11 oct 2016

Extractos de The Pagan Book of Living and Dying

Para Lola.
Los siguientes textos son extractos, artículos y meditaciones traducidos de un libro llamado The Pagan Book of Living and Dying, escrito por Starhawk entre otros autores. Es un libro escrito desde una óptica pagana y por lo tanto entiende la muerte desde el punto de vista de la tradición que profesan los autores. Uno de los temas recurrentes es la importancia que tiene la muerte para que la vida pueda existir. A nuestro alrededor, y en la naturaleza, todo sigue un proceso cíclico de muerte y resurrección. Sin embargo, vida y muerte no son términos absolutos sino que una contiene la semilla de la otra como el yin y el yang. La fruta tiene que caer, pudrirse y morir para que la semilla pueda crecer. Las hojas de los árboles pueden caer, pero están lejos de estar muertas pues al una vez en el suelo facilitan que un gran número de seres puedan vivir para descomponerlas, etcétera. Y sin embargo, la muerte de un ser querido dista mucho de la llegada del otoño y la caída de las hojas. Es un proceso muy complejo en el que se mueven muchos sentimientos. A continuación traduje alguno de los artículos que tratan específicamente el hecho de cuidar a una persona que va a morir. Quizás no es lo que yo hubiera escrito ni lo que yo pienso, pero como todos los materiales que hay en el paganismo, puede ser un punto de partida interesante donde nosotros quitemos o añadamos según sintamos que sea adecuado. Espero que mi flagrante violación del Copyright pueda ser de utilidad.
 
Una vigilia en un lecho de muerte es extrañamente similar a la vigilia a la espera de un nacimiento. La muerte tiene su propia forma de trabajar.
Muchos años atrás, cuando el marido de Macha, Rod, estaba acostado muriendo, ella me pidió (a Starhawk) que estuviera a su lado, que me sentara junto a su cama. Mientras cantábamos y hacíamos todo lo que creíamos necesario para facilitar su tránsito, yo contemplaba su trabajosa respiración. En los últimos estadíos del cancer, su cuerpo maltrecho sudaba y trabajaba por estar vivo. Yo diría que el esfuerzo de tomar aliento para él sería equivalente a levantar pesas o luchar para empujar un carro pesado cuesta arriba para mi. No había esperanza de recuperación, la conciencia se había ido. Él estaba claramente listo para morir. Cada aliento simplemente prolongaba su sufrimiento. Sin embargo, su cuerpo continuaba esforzándose por respirar, por vivir. En ese momento, me di cuenta de algo profundo: aunque siempre hemos invocado a la muerte como la Implacable, la vida puede ser también una fuerza igual de implacable. La muerte puede venir como una liberación en una nueva dimensión, igual al nacimiento de un infante es una liberación en un nuevo mundo.
Estar presente cuando alguien está muriendo es un regalo y un reto.

En el libro, en cuanto a cuidados específicos de una persona que está a punto de morir, poco se dice. Es importante dar amor, pero más importante es saber lo que la persona en tránsito quiere o necesita. Podemos cantarle, prepararle té, darle masajes, hacerle tratamientos de belleza y todo lo que la haga sentir bien y que le apetezca a esa persona. Muchas veces, simplemente con estar ahí y sostener su mano puede ser suficiente. Por si a alguien le interesa, en el resto del libro hay reflexiones sobre la muerte en el paganismo y la teología que está detrás de la misma, analizando creencias y demás.

Resumen del artículo "Muerte, Salud e Higiene", de M. A. Bovis: 
Acompañar a un difunto y elaborar un proceso de duelo posterior es una tarea extenuante que requerirá que cuidemos de nosotros mismos. Para ello, se ofrecen cinco consejos:
1 Ducharse diariamente para limpiar la negatividad que podamos haber absorbido.
2 Dormir y comer de forma adecuada para fortalecer nuestro sistema inmune.
3 Tomar vitaminas por el mismo motivo
4 Mover el cuerpo, centrarnos en nuestro yo y ahora.
5 Que nos den un masaje, cortarnos el pelo, hacernos la manicura o pedicura, un afeitado, una depilación, un tatuaje, cualquier forma en la que consideremos que adoramos nuestro cuerpo que  nos sostiene. Importante no olvidarnos de cuidarnos a nosotros mismos en el proceso de cuidado de otras personas.

Purificación
Cuando alguien está muriendo, todo lo que alguna vez hemos sentido por esa persona está a flor de piel y lo sentimos con gran intensidad, tanto los buenos sentimientos como los malos. Las relaciones son raramente claras y simples, y nuestro amor por la persona en tránsito puede venir acompañado con enfado, envidia, amargura u otros sentimientos no placenteros. Esos sentimientos son reales, son válidos, pero no es apropiado expresarlos cuando la persona está muriendo.
Dado que la muerte es una pérdida de control, podemos ser útiles para la persona moribunda simplemente dejando que tome el control de la situación en todo lo posible. Si hay asuntos pendientes entre las dos personas, deja que sea la persona moribunda quien los saque a conversación (o no). Sé cuidadoso en no decir nada de lo que luego te puedas arrepentir.
En el Arte somos enseñados a conocer nuestros propios sentimientos, pero no necesariamente a dejarlos aflorar. Necesitamos desarrollar el poder  interno para sostener un sentimiento sin expresarlo inmediatamente, para contener emociones fuertes sin reprimirlas. Si en algún momento lo necesitamos, podemos acudir a una purificación con agua salada.

Meditación con la Luna para enfrentarnos a la muerte
Esta meditación puede ser usada por los que van a morir, pero también es útil para los cuidadores, para ponerse en el lugar del moribundo.
Acuéstate en un lugar seguro, en un espacio protegido. Enraízate y cierra un círculo a tu alrededor si así lo deseas. Sitúa tus manos sobre tu vientre y respira profundamente. Imagina que estás respirando con tu útero. En caso de que no tengas un útero físico, aún tienes un centro creativo generador de energía en tu vientre.
Según respiras, imagina la esfera oscura de la luna nueva llenando tu vientre. Una delgada curva de luz plateada comienza a asomar por la derecha. Llámala por su nombre: Artemisa, dama salvaje de los bosques, la que lleva el arco de luna, la Cazadora. Piensa en aquellos momentos de tu vida en los que has empezado algo nuevo: la escuela, el trabajo, las relaciones, las amistades, los proyectos. ¿Cuáles fueron los cualidades que te sostuvieron? ¿Cómo eran las energías que te rodeaban?
Ahora también estás entrando en un nuevo proceso, el proceso de la muerte. Estás a punto de embarcarte en una aventura salvaje en un país desconocido. Llama a Artemisa, la Luna Creciente, llama a la valentía de la Cazadora. Tienes el poder de encontrar tu camino en lo salvaje, sin mapas ni guías. Nuevos instintos despiertan en ti, la sabiduría oculta de tu cuerpo ha aguardado este momento. Respira el poder de los comienzos.
El tiempo pasa y bajo tus manos la luna crece, pasando de creciente a llena. Siente la esfera luminosa que te llena ahora. La luna llena es el tiempo de las culminaciones. Piensa en los momentos culmen en tu vida, los sueños cumplidos, los planes que has desarrollado. ¿Cuáles fueron las fortalezas que te sostuvieron? ¿Qué energías y sentimientos te rodeaban?
Llama a las cualidades que traen la culminación y piensa en cómo la realización trae consigo un final. La fruta madura cae del árbol. ¿Qué está maduro en tu vida? ¿Qué dejarás detrás que siga verde o que no ha tenido la oportunidad de florecer?
Respira la luz de la luna llena e imagina que estás siendo llenada con el amor entregado libremente por la Madre, ella que derrama su amor en el universo sin pedir nada a cambio. Llama su nombre, Diana. Confía en que su amor te sostendrá y su cuerpo te recibirá. Respira el poder de la Luna Llena.
El tiempo pasa y bajo tus manos la luna mengua. Pasa de llena a cuarto menguante, curvándose a la izquierda, hasta que la luz desaparece en una esfera oscura. Ahora el final ha llegado. La luna oscura es Hécate, la Anciana, Diosa de las encrucijadas que guarda la es camino hacia la tierra de los difuntos. Según te acercas a su Reino, piensa en esos momentos de tu vida en los que has dejado ir, en los que has llevado algo a su fin. ¿Qué cualidades te sostenían? ¿Qué energías te rodeaban?
Llámalas, llama al poder de la Anciana, llama su nombre, Hécate, pues ahora es el momento de despedirse, decir adiós a la gente que has amado y cuidado, adiós a las madres y padres, niños, amantes, amigos. Allí a donde vas, ellos no pueden seguirte. Respira hondo y déjalos ir.
Di adiós al trabajo, el trabajo que te llenaba y te mantenía, al trabajo creativo y al trabajo pesado, adiós. adiós. Deja a un lado tu éxito y deja atrás tus fracasos. ¿Qué has dejado inacabado, sin hacer? Dile adiós, pues ahora no es momento de hacerlo. Respira hondo y déjalo ir.
Di adiós a tus sueños, los que has vivido y los que has pospuesto. Ahora es tarde para eso, déjalos ir. Di adiós a tus miedos. Pronto nada podrá hacerte daño. Di adiós a ver nuevos lugares, hacer cosas nuevas, viajar y disfrutar, comer y beber, adiós. adiós. Respira hondo y deja ir los placeres del amor, del sexo y el tacto.
Di adiós a tus ojos, a los colores brillantes del día, a la luz plateada de la luna, la leer y a ver, adiós, adiós. Adiós al sabor y al olor, al café caliente en las mañanas, a la fruta dulce y al pan recién horneado. Adiós a hacer de vientre, a orinar, a echarse pedos; adiós a los cortes de pelo, a lavarse los dientes, a ir al médico; adiós a la curación, a la digestión, al crecimiento, a todas aquellas cosas que el cuerpo hace. Adiós a las esencias de las rosas y adiós al sol y a la lluvia y a la textura de una mano bajo tu mano. Adiós a la música, adiós al sonido de una conversación y a los murmullos cariñosos, adiós, adiós. Respira profundamente y di adiós a la respiración.
Imagina que devuelves tu cuerpo a la tierra y descansa en silencio.
Pero incluso en el silencio de la tierra, el tiempo no deja de existir. El cambio viene y en la luna oscura crece una delgada curva de luz plateada, a la derecha. Respira profundamente y llama de regreso a la respiración y a la forma. Siente tu poder de comenzar de nuevo, de que crezcan nuevas orejas y ojos, de transformarse en una nueva forma y oleada de vida. ¿Qué parte de tu antigua vida te gustaría recuperar? ¿Qué parte dejarías que se deshiciera en la tierra?
Llama de nuevo los poderes de Artemisa, y deja que la luna crezca.
Cuando te sientas llena de nuevo con los poderes de la energía de los comienzos, agradece a la luna en sus aspectos (Artemisa, Diana y Hécate) y deja que la luna regrese al cielo. Lentamente, muévete y estírate y vuelve en ti. Tantea tu cuerpo, siente sus límites. Di tu nombre y da tres palmadas. Cuando estés listo, siéntate. Antes de que se te olvide, querrás escribir tu experiencia en tu diario. Después, abre su círculo y asiéntate de nuevo en la corporeidad comiendo algo.

8 ago 2016

La muerte en la actualidad occidental: la muerte prohibida.


"A lo que más se parece la vida humana es al hierro. Si la empleas, se desgasta. Si no lo haces, la consume el óxido."
Marco Porcio Catón (234-149 antes de nuestra era)


En su artículo La Pornografía de la Muerte Gorer explica que en la sociedad victoriana de Inglaterra a los niños se les decía que los traía una cigüeña de París, pues había un gran pudor sexual, pero no había ningún problema en que vieran y entendieran el funeral de sus abuelos. Llegados al siglo XX, a los niños se les aparta de la muerte, se les dice que Jesús se ha llevado a los difuntos, que éstos han ido al cielo o a un jardín lleno de flores, o bien que están durmiendo.

La muerte se convierte por lo tanto en un gran tabú. Se expulsa de casa, se hospitaliza y se convierte en un"fenómeno técnico", en una enfermedad. Se oculta, incomoda y no conviene hablar de ella. Es un asunto privado, que se trata de puertas para adentro. Al contrario de lo que se pensaba en el pasado, se valora positivamente que alguien haya muerto sin notarlo, con rapidez. Además, se trata de evitar que el enfermo sepa que va a morir, no estamos preparados para comunicarlo, no sabemos qué hacer en esas situaciones. Se considera, eso sí, que debe hacerse con sosiengo no vaya a ser otras personas sean molestadas o incomodadas con excesivas demostraciones de dolor.

Hay una ley no escrita de silencio que, sin embargo, podemos ver que llegado el siglo XXI se empieza a romper, pues aparecen asociaciones, voluntarios y ayuda especializada para sobrellevar este último trance, así como para que los supervivientes puedan aprender a enfrentarse a la elaboración del duelo.

La forma de tratar el cuerpo del difunto también cambia. Aparecen los tanatorios como alternativa al velatorio en las casas propias. Son lugares muchas veces anodinos y carentes de simbolismo, normalmente situados en carreteras a las afueras de las ciudades. En Estados Unidos se les conoce como funeral homes y cobran importancia los servicios de embalsamamiento con la finalidad de que el difunto ofrezca una cara tranquila y con apariencia de vivo durante el velatorio, como si durmiera plácidamente, con el fin de ocultar el crudo rostro de la muerte.

Otra de las características más importantes del siglo XX es que la cremación cobra cada vez una popularidad mayor. Lo que antaño era impensable por motivos religiosos hoy se está convirtiendo en una tendencia en alza. Esto se podría explicar de distintas formas. En primer lugar, el cadáver es visto como un inconveniente y se buscan alternativas limpias y rápidas para deshacerse del mismo. En segundo lugar, en una sociedad cada vez más globalizada, es difícil que las personas se sientan enraizadas en un solo lugar. Ya no queremos estar "para siempre" en nuestro pueblo o en nuestra ciudad. 

Los detractores de la incineración la ven como algo demasiado definitivo ya que en la mayoría de los casos, las cenizas del difunto no se ubican en un lugar concreto al que se pueda acudir para rendirle culto o memoria. Por otro lado, creciente tendencia ecologista ve la cremación como una oportunidad de reintegrarse en el ciclo de la natrualeza de tal forma que la materia restante vuelva a formar parte de la vida. Además, en algunos casos las cenizas del difunto se conservan en la propia casa, lo cual puede ser positivo para no olvidar la memoria del difunto, pero también puede ser negativo si ese recuerdo se convierte en obsesivo y somos incapaces de "dejarlo partir".

Quizás, y esto es una reflexión personal, entendemos que una vez muertos el cadaver no es ya portador de nuestra identidad. Por el contrario, nuestra forma de inmortalidad, o de seguir perteneciendo al mundo de los vivos, es la fama. Ser recordados por aquello que hemos hecho, por nuestros logros y victorias personales.

Además de todo lo mencionado, hay algo que puede resultar especialmente negativo. En una sociedad de la inmeditez y la rapidez, el periodo de duelo no encuentra cabida. El ritmo es tan acelerado que la muerte de un individuo no afecta a la sociedad. Pasarse un año o un mes encerrado en casa parece algo impensable! La muerte se expulsa de la casa, de la ciudad y también de la sociedad. Es más, con el creciente aumento de la esperanza de vida, muchas personas son expulsadas de la sociedad antes de morir. El trabajo, la posición adquirida durante años de trabajo se esfuma muchas veces con la jubilación, que hace que la vida de muchas personas pierda su sentido y sus relaciones personales se deterioren rápidamente. Hoy mueren ancianos solos en sus pisos y en los hospitales, lo que antes era impensable.

Pero volvamos al duelo. Según Arnold van Gennep los ritos tienen tres pasos: separación, umbral y reintegración. La separación sería el hecho en sí de la muerte, que aparta al individuo del mundo de los vivos. El umbral hace referencia al tránsito, a lo liminal. Es un momento en que tanto el difunto como los dolientes se encuentran perdidos. Y el tercer paso sería la reintegración, en que los vivos retoman su papel en el mundo de los vivos y los muertos pasan a perder su indivudualidad para formar parte del colectivo de ancestros. Sin embargo, todo sucede tan rápido que en los funerales occidentales sólo se hace referencia a los dos primeros puntos, pero el tercero no se toca. Y como la muerte es un tabú y no hay tiempo para el duelo, nos integramos demasiado pronto al frenesí de vida occidental, lo cual acaba desenvocando en problemas psicológicos que afloran más tarde o más temprano.

Si recordamos la clasificación de Philippe Ariès sobre los tipos de muerte, éste denominaba muerte domanda o domesticada a la que se producía en la Edad Media por su cercanía, su cotidianeidad y su familiaridad. Se sabía exactamente qué hacer y en qué momento. Lo peor que te podía pasar era morir de forma repentina sin disponer todo lo necesario tanto en el mundo físico como en el espiritual para el momento de la muerte. Esta muerte se enfrentaría a la actual, prohibida, silenciada, que se expulsa y pierde toda cercanía con la sociedad salvo en eventos especialmente traumáticos como atentados y grandes accidentes que lleven a un duelo en común. 

Podríamos caer en la tentación (Ariès parece sugerirlo) de pensar que la relación con la muerte antaño era mucho más saludable, más natural. Sin embargo creo que sería un error pensar esto y negar de pleno la sociedad en la que vivimos. No creo que sea necesario que los velatorios se vuelvan a realizar en la habitación del difunto o que los muertos se entierren en el centro de la ciudad. Pero tener consciencia de que, aunque sólo sea físicamente, somos efímeros, nos ayuda a ver las cosas desde otra perspectia. Aparta de nuestra cabeza la fantasía de la inmortalidad y nos puede ubicar en la naturaleza y sus ciclos, entendiendo que somos parte de algo mucho más grande y que, en ocasiones, aquellas pequeñas preocupaciones que llenan nuestra cabeza tal vez no sean tan importantes después de todo.

Nosotros, que somos paganos, no debemos olvidar la gran verdad sobre la muerte: es necesaria para que haya vida. Vida y muerte se entremezclan en los umbrales. Decían las enseñanzas platónicas que el nacimiento era la muerte del alma dentro del cuerpo. Para muchos, la muerte es un nuevo nacimiento hacia otra vida. En este sentido, las tumbas de nuestros difuntos son sagradas porque nos recuerdan nuestra propia mortalidad, nuestro momento final que, junto con el nacimiento, son los dos grandes umbrales que enmarcan nuestra vida.

9 jul 2016

La muerte a lo largo de historia

La Isla de los Muertos, de Arnold Böcklin, 1886.
Hablar de la muerte es complicado. Genera rechazo, se niega como si no existiera. Además, cada uno tiene una experiencia personal diferente al respecto, por lo que es complicado generalizar. Sin embargo, vivimos en un mundo en que se nos bomardea con una muerte banalizada a todas horas: en los telediarios, en las películas, en los libros... Se simplifica el asunto, los muertos se convierten en números o bien se usan como excusa argumental para dar más espectacularidad o generar un impacto. La muerte también impregna nuestro vocabulario habitual, despojándola de su profundo significado. Así, decimos que se murió la batería de nuestro móvil, que mataríamos por alguien o algo, que morimos de amor, de pena, de sueño... Y así, le restamos la importancia que tiene realmente.

Porque sí, la muerte tiene importancia. Quizás es lo que menos necesitas escuchar en un momento de duelo, pero es necesario que haya muerte para que pueda haber nueva vida. Este asunto se ha convertido en uno de los temas principales de muchas religiones, llegando a ser una pieza esencial en la configuración de las culturas en sí mismas, según algunos autores. Se ha tratado este asunto desde el comienzo de la humanidad. Sin embargo, eso no significa que haya tenido el mismo tratamiento. Todo cambia, la muerte también.

Es muy complicado tratar de saber qué pensaba o sentía la gente en las distintas épocas históricas con relación a la muerte de un ser cercano, pero sí podemos saber algo de sus costumbres y de cómo éstas han ido variando.

Si echamos un vistazo a la antigua Roma, veremos que la muerte se expulsaba de la ciudad y los vivos realizaban ofrendas a los muertos para impedir que éstos regresaran, pues eran temidos. Más tarde, los primeros cristianos enterraban con cuidado a sus muertos esperando su pronta resurrección. Muchos se conservaban en catacumbas, pero los primeros mártires y santos se singularizan con edificios conocidos como "martiria". Estos edificios eran las primeras iglesias, que no se concebían sin una sepultura de un santo en su interior para poder "funcionar". Esto irá desembocando en una "reliquiomanía" que contradecía toda ley y toda escatología cristiana. Si bien los huesos de una persona deben conservarse para su posterior resurrección, siendo delito su profanación, los restos de los santos se exhuman, se parten, se trafican, se exportan (también se falsifican). Serán en sí mismos "baterías" energéticas que hacen funcionar iglesias, cementerios y milagros, contagiando su santidad a vivos y muertos. Algún fervoroso fiel se ha llevado de un mordisco restos de un santo para su propia parroquia tras una peregrinación hasta sus huesos.

Con el paso del tiempo se fue viendo que aquello de la resurrección de los muertos iba para largo. No olvidemos que en el cristianismo primitivo se pensaba que la segunda venida de Jesús con el Reino de los Cielos estaba a la vuelta de la esquina. Pero entre venía y no venía, cayó el Imperio Romano y llegamos a la Baja Edad Media, el borrón y cuenta nueva de la historia. En esta época surge lo que Philippe Ariès llama la Muerte Amaestrada o la Muerte Domada. Es decir, lo bueno era saber que te ibas a morir, ser consciente de ello y realizar los preparativos oportunos. Los best-seller de la época son los Ars Moriendi, libros que explican precisamente cómo morir. 

Cuando uno sabía que se iba a morir, avisaba a sus seres cercanos, se acostaba en su lecho de muerte y se montaba un evento a caballo entre el espectáculo y la reunión social. Se juntaban sirvientes y servidos, vecinos, el sacerdote y, por supuesto, niños. Los niños tienen una curiosidad innata por la muerte; en la Edad Media la muerte no se les escondía, era algo familiar a la vez que instructivo. Habías visto tantas muertes a lo largo de tu vida (no sólo familia sino también vecinos) que sabías perfectamente cómo morir, las palabras que tenías que decir, los ritos que se debían realizar. 

En esta época, lo peor que te podía pasar era que murieras de repente, por accidente, sin ser consciente de ello. Esto generaba un gran rechazo. Además, la muerte estaba presente de forma muy física. Los cadáveres se entregaban a la iglesia, que los enterraba en sus terrenos someramente y sin importar demasiado dónde. Como con todo, van surgiendo modas. Los ricos solían estar más cerca de los santos o del altar, porque se suponía que su influjo benéfico era mayor. Algo así como un pase rápido a los cielos. Estos terrenos eclesiásticos, no hay que olvidarlo, coincidían con el lugar de celebración de festejos populares, por lo que, literalmente, se bailaba sobre los muertos. Ariés comenta que no sería raro que afloraran huesos a la superficie. Además, a los gases de descomposición de los muertos se les atribuían facultades proféticas, como avisar de tormentas o advertir de desgracias.
 
Otra caracterísitca muy importante de este período es que los muertos no se individualizaban. Atribuyámoslo a que no había un afán egoico tan grande como hoy, o a que no se sabía escribir, pero sólo los más ricos tenían alguna pequeña inscripción indicando un nombre que no tenía por qué coincidir con la posición de su cadáver.

No me pararé en la Alta Edad Media, es un poco más de lo mismo, sólo que varían ciertas concepciones escatológicas. Ariés la denomina la Muerte Propia, o muerte de uno mismo. Aparece la idea del Juicio Final, purgatorio, lo que significa que ya no basta con ser creyente para entrar en el cielo sino que es preciso que el alma esté libre de pecado. El duelo se "prefabrica", se dan unas pautas concretas y unas normas que tienen que ser seguidas, pero se instala la sobriedad frente a las manifestaciones espontáneas de dolor anteriores. Además, van apareciendo tumbas y, a partir del XIII, pequeñas lápidas conmemorativas que ya llevan el nombre e los difuntos.

Según vamos avanzando en la historia, la cosa cambia. El Renacimiento trajo un antropocentrismo que expulsó a Dios del centro de la vida de la sociedad. Se afana más el carácter individual y se buscan lugares concretos para ser enterrado, cerca de sepulcros de familia, frecuentemente. A la gente le empieza a preocupar más vivir bien que morir bien, y paradógicamente esto genera una cierta cultura macabra. Aparecen las danzas de la muerte, representaciones de cadáveres y esqueletos, memento mori... que incitan a celebrar y vivir la vida mientras se disponga de tiempo. 

Luego tenemos el Barroco, que es todo drama y teatralidad. Por lo tanto, más macabro. Capillas realizadas con huesos, tumbas fastuosas y cobran una gran relevancia las pompas fúnebres, sobre todo de personajes relevantes.

Y por fin llegamos al Romanticismo del siglo XVIII, donde las cosas empiezan a cambiar. En primer lugar, cambia el modelo familiar y social. Las relaciones pasan a estar basadas en los sentimientos y afectos más que en meros negocios frecuentemente organizados por parte de los padres de los novios. Eso llevará a un miedo por la Muerte Ajena, la de los seres queridos, y el deseo de que ésta no se produzca. El luto se convierte en una expresión histérica de dolor.

Además, durante el Romanticismo, la muerte da la mano al amor, sobre todo en representaciones pictóricas y obras literarias. El amor superando la frontera de la muerte, la unión entre vivos y fantasmas de difuntos, cobran gran popularidad. La muerte aparece asociada también a la naturaleza, y se crean cementerios que son concebidos como parques. Por esta época empiezan a surgir voces higienistas en contra de los antiguos enterramientos sin control, y los peligros para la salubridad que éstos cementerios tenían. Por tanto, los cuerpos de los difuntos dejan de entregarse a la iglesia. Así pues, la muerte ha perdido la familiaridad de antaño y en el siglo XIX es expulsada a las afueras de las ciudades, donde se costruyen la mayoría de los cementerios que tenemos hoy en día.

A su vez, se intenta que éstos nuevos cementerios no caigan en el olvido más absoluto. De acuerdo con las corrientes filosóficas de la época (Positivismo), se pensaba que el culto a los muertos era el germen de la civilización y se incentivaba el mismo para mantener la memoria de los antepasados . Así, los filósofos y los religiosos se dan la mano y se populariza la visita a los cementerios en el día de difuntos (1 o 2 de noviembre). Ojo, aclaración, el Día de los Difuntos ya existía, pero se dedicaba a la oración [según pude encontrar], es en este momento cuando el hecho en sí de visitar las tumbas de nuestros antepasados cobra importancia.

Además, en el siglo XVIII sucede algo singular. Los testamentos, que hasta el momento habían tenido un carácter religioso-moral, se vuelven laicos, como un mero legado de bienes y últimas voluntades. Ésto se ha querido ver como uno de los indicios de desacralización de la sociedad.


Y por último, llegamos al siglo XX y a la actualidad, donde más cambios se han producido con respecto al enfrentamiento de la muerte. Philippe Ariès la denomina la Muerte Prohibida. Pero eso quedará para la próxima entrada.

Bibliografía breve:

Ariès, Philippe. El hombre ante la muerte. Taurus, 2011.
Ariès, Philippe. La muerte en occidente. Madrid: Argos Vergara, 1982.

Rader, Olaf B. Tumba y poder:: el culto político a los muertos desde Alejandro Magno hasta Lenin. El ojo del tiempo (Madrid) 4. Madrid: Siruela, 2006.

4 jul 2016

Bailando sobre la tumba

Acabo de regresar de un viaje único. 
Hacía tiempo que un libro no me transportaba a tantos lugares maravillosos y a tantas culturas exóticas. Además me ha adentrado en la boca oscura de uno de los tabús más grandes de la contemporaneidad: la muerte. 
El libro en cuestión se llama Bailando sobre la tumba, del antropólogo Nigel Barley. Su fecha de publicación original es de 1995 y sus reflexiones sobre la sociedad actual están en plena vigencia. 
Es uno de las lecturas que más me ha gustado de los últimos tiempos, así que me propuse escribir sobre él y explicar las razones por las que deberías leerlo sin lugar a dudas. Desde luego, su lectura no dejará a nadie indiferente.

  • Tenemos una relación enfermiza con la muerte en nuestra sociedad actual. Posiblemente hablaré más sobre ello en futuras entradas. No hablamos de la muerte y por lo tanto, no sabemos cómo comportarnos, cómo reaccionar y cómo transitar por los procesos de duelo. Este libro ofrece una amplia perspectiva contraponiendo las visiones de la muerte en el mundo occidental con otras culturas.
  • Muestra la relación de pueblos paganos con la sociedad contemporánea. Cómo éstas cambian o mantienen sus ritos en relación al mundo que les rodea y las nuevas posibilidades que les ofrece. También, muestra como muchas de ellas se pierden. Cito:
 "Un kenduri musulmán -conjunto de oraciones para facilitar la travesía el alma de un muerto- en un bloque de pisos de Singapur. [...] Termina el fútbol y empieza una vieja película [...] con un kenduri de aldea; los hombres llevan estrafalarios tocados y están armados con dagas, y se escucha música tradicional.
-Mirad -digo para provocar-, malayos de verdad.
Ellos lo meditan.
-No -dice uno al fin- malayos de antes. Por favor, cambiemos de canal. Echan un partido de baloncesto."
  • Muestra de forma muy interesante la relación de la muerte con los ciclos naturales, con los ciclos estacionales, con los ritmos agrícolas y su ruptura en la sociedad contemporánea. 
"En la cultura occidental semejante noción de tiempo procede menos de la alternancia de las estaciones que de la regularidad de la programación televisiva. Ésa es la auténtica razón de que todo el mundo recuerde dónde estaba el día que mataron a Kennedy. Interrumpieron los programas de televisión." 
  • No da muchas y largas explicaciones sobre lo que expone, pero una lectura atenta por parte de un (neo)pagano revelará hechos muy significativos: la relación de la masculinidad y la feminidad con la vida y la muerte, la fertilidad, las ofrendas, el rito o trance por el que un muerto pasa a ser un ancestro, o se reintegra en el ciclo de la vida, distintas visiones del alma, ecologismo...Sus reflexiones sobre estos aspectos son muy enriquecedoras. Acerca de las ofrendas y donativos:
"Aquí no existe necesariamente receptor alguno. El propio hecho de que la recepción sea dudosa realza el presente. Lo que place es el simple hecho de dar."
  • Aunque no entre en detalles, es un libro muy interesante para leer en caso de que quieras elaborar un rito de paso fúnebre, o réquiem, como se le conoce habitualmente en el mundo de la wicca. He leído otros libros sobre la muerte específicamente wiccanos y, si bien estos ofrecen ritos precocinados y muchos textos de consuelo, he sentido que le falta detrás todas las reflexiones que contiene este libro sobre el mundo real en el que vivimos.
  • Es un libro lleno de anécdotas. Su lectura se hace muy amena, pues en capa capítulo mezcla experiencias del autor en primera persona sobre la muerte en sus viajes con reflexiones filosóficas y hechos o datos históricos.
  • No es para nada un libro macabro. Bueno, al final cuando habla de canibalismo un poco sí.
  • Por último, el título del libro lo dice todo: está lleno de un humor muy bien hilado. Para muestra, un botón: 
"Otra estratagema para vencer al tiempo es la alternancia entre lo individual y lo colectivo. En el ritual dowayo, los cráneos se guardan indiscriminadamente en grandes vasijas para indicar la transición entre el individuo fallecido y el antepasado colectivo. En adelante, los muertos pierden su identidad individual y sus nombres no volverán a mencionarse. Han vuelto a la fuente y ahora pueden reencarnarse. Éste es también el momento en que los vivos reafirman su propia individualidad. Las viudas cantan: "Hasta aquí vivimos todos juntos. Ahora yo me tiraré pedos en mi choza y tú en la tuya". Las flores no son el único idioma para hablar de estas cosas."

28 may 2016

La tejedora

"El gran misterio ahí, bajo su cintura"
La tejedora, de Christina Rosenvinge. 

Se empieza como siempre, respirando, respirando hondo. Sientes el aire entrando en ti, sientes el universo entrando, acariciando el interior de tus fosas nasales, tu garganta, tus pulmones, llenándote de vida. Respirando eres uno con el universo. 

Pero esta vez el aire no era como antes. No olía a incienso. Ni siquiera a vegetación, a bosque, a río, a tierra. Olía diferente. Solté el aire, relajando mis músculos, cerrando mis ojos, dejando que se desvaneciera esa presión en mis muñecas. 

Sentí que me empujaban, me apretaban dos cuerpos a mi lado. Inspiré, ese olor acre, espiré. Inspiré. Intenté dejar todo aquello atrás. Espiré. Por algún motivo que no recordaba ahora, sentí dos húmedos regueros cálidos resbalando por mi rostro. 

Inspiré, sintiendo mi cuerpo llenándose de luz. Empujones de nuevo. La luz se expandía a mi alrededor, formando un círculo. El círculo. Unas voces se alzaban, voces que formaban parte del mundo, del universo, quizás como el canto de los pájaros. Traté de no juzgar su agresividad. Ni ese olor, a sudor, a miedo.

Me centré de nuevo. Sentí los elementos rodeando el círculo, asegurándolo, como grandes barreras hechas de Aire, Fuego, Agua y Tierra. Me recordaban que la vida iba más allá de mi propia existencia. Me recordaban que yo era sólo una parte minúscula. Inspiré. Sentí la aceleración en mi cuerpo, el movimiento, la inestabilidad. Espiré.

Se me presentó Ella, con múltiples madejas plateadas, intrincadas, tejiendo. Me enseñó nuestros destinos, atados. Lo que me hicieran, se lo estarían haciendo a sí mismos. En su telar, todos somos uno.

Pedí paz.

Su imagen reconfortante se desvanecía, traté de llamarla, de mantenerla en mi mente. Me empujaban de nuevo, respiré y el aire había cambiado. Era olor a noche de verano, tan agradable... Sentí la sutil caricia de los rayos de luna llena en mi piel, sentí Su abrazo. 

La vi de nuevo ante mi, esta vez con muchos otros rostros a su lado. Mis ancestros, los pude ver más nítidos que nunca. Alguien me obligaba a ponerme de pie. Gritaban a mi alrededor. Mis ancestros me rodearon formando una rueda y pude escuchar sus voces elevándose en una muda melodía. Oí un grito de desesperación a mi alrededor, una súplica. 

Su canción callada inundó mi mente, una canción que nunca antes había oído, como una nana. Su ritmo se fue elevando hasta que fue cantada de forma cada vez más frenética y más alta. Me empujaban de nuevo, con violencia. Mi círculo se tambaleaba, las voces se distorsionaba, los rostros se borraban.

Silencio.

Inspiré. Entonces lo sentí. Algo rompió por completo el círculo, se hacía mil añicos a mi alrededor. Un dolor lacerante lo hizo estallar por completo. El ardor en el costado hizo que mis sentidos se desequilibrasen. Mis rodillas sumaron nuevo dolor físico al dar con el suelo. 

Todo se empezó a ralentizar. Percibía mi alrededor a cámara lenta. Los pasos sobre la grava. Otros disparos, otros cuerpos caídos. La cálida flacidez de algunos compañeros.

Los rostros de mis ancestros se formaron más nítidos de nuevo, se transformaron en una suerte de fantasmas cenicientos que me abrazaron en una cálida y sosegada oscuridad.

Ella, cortó el hilo.

Pude ver el tapiz de mi vida frente a mi, acabado, una obra divina que concentraba todos aquellos años en un instante que era nada. Todo el dolor, todo el sufrimiento. Nada. Todo el miedo, todo el vacío. Nada. Los éxitos, el amor, los momentos de felicidad. Nada.

No sabría determinar el tiempo que así estuve, almacenando, repasando, aprendiendo de cada momento vital, de cada experiencia. Un día, un año, tal vez un siglo de descanso reparador, de ensoñaciones con lugares donde hubiera querido estar para siempre. 

***

El abrazo ancestral que hasta ese momento me había parecido eterno, ahora lo percibí sólo como un instante más, otro pestañeo en mi existencia. Los sentidos físicos iban despertando lentamente. Ese abrazo de oscuridad reconfortante se volvió húmedo, cálido y seguro. 

Yo quería quedarme allí. Pero no podía. Algo me lo impedía, me empujaba.

Sentí que me movía, de alguna forma, sentí que me expulsaban, me echaban. Yo quería mi confort, al fin tenía paz y ahora me lo arrebataban.

Atravesé el umbral y entonces, vi la luz.

Inspiré y sentí de nuevo el mundo y el frío. Mis sentidos adormecidos me impedían entender lo que pasaba. Supe que una nueva madeja empezaba a tejerse en ese momento. Mi paz acabó, volvía a empezar el trajín de la vida, una vida a la que me agarraba instintivamente con cada rápida respiración. Yo no quería, no sabía si sabría cómo hacerlo esta vez. Me sentí débil, cansado, torpe. No podía sino llorar y llorar en la extrema frustración de sentir mi tranquilidad arrebatada, de no saber cómo volver a enfrentarme con una nueva existencia, de sentirme perdido.

Con el llanto se disolvían los recuerdos de mi otra vida, resbalaban por mi cara, por mi memoria, como un sueño que se escurre entre los pensamientos del que acaba de despertar y, poco a poco, va desapareciendo sin que se note su ausencia.

Y entonces escuché una nana, de una voz emocionada, feliz y exhausta, una nana que me parecía recordar de tiempo atrás. Sentí la cálida leche saciando mi sed. Y descubrí de nuevo la paz.

15 oct 2015

Reflexiones de cementerio

La sonrisa (obra propia, acrílico sobre papel)
Acerca de pensamientos inducidos por un cementerio en un día en que acudí a dibujar con carboncillo esculturas funerarias.

 1.- FLORES PARA LOS DIFUNTOS.
¿Por qué flores? Si su finalidad es alegrar el cementerio se pueden poner estatuas menos depresivas, panteones más serenos, etc. Si son ofrendas para los muertos... ¿a todos les gustan las flores? 
Creo que la cosa va más encaminada a los ciclos naturales, y es que hay plantas que florecen en otoño, como los  crisantemos. Es muy profundo el significado de ir al campo y coger una flor que nace entre las hojas caídas de un bosque, que nace entre la muerte. 
Sin embargo, esto se pierde hoy, puesto que en floristería se puede comprar cualquier variedad de flores, y las propias de la estación están pasando a un segundo plano. 
Personalmente, me gusta mucho más la tradición de otros países de llevar a los muertos comidas, vicios y objetos que disfrutaban de vivos. Si alguna vez, y bajo violación expresa de mi voluntad mis huesos van a parar a un cementerio o los encierran entre paredes de hormigón , preferiría que me trajeran unas pizzas, unos lápices y papeles, por poner un ejemplo, que unas flores a las que soy alérgico (el epítome del mal sería que me pusieran flores de plástico).
Es más, las flores las veo como algo impersonal, como un recurso irreflexivo, fácil y casi obligado que induce a un distanciamiento con la memoria del ausente versus el recuerdo de sus gustos y costumbres (y por tanto, celebración de la vida mundana) que irremediablemente conllevaría la realización de ofrendas de otro tipo.

2.-PRIMER ACERCAMIENTO AL MISTERIO DE LA MUERTE.

La Muerte es el gran misterio de la vida. Tabú, fuente de miedos, de obsesiones y matriz y eje central de las grandes religiones.
Parece obvio en un cementerio pensar en el misterio de la muerte, pero no lo vi frente a mi hasta que no escuché a una niña de unos seis años preguntarle a sus padres por ella. Es extraño y bello ese momento en que un niño tan pequeño se pregunta por algo tan grande. 
En su escala de tiempo, todo es permante. Sus padres siempre fueron sus padres y siempre lo serán. Hacen falta años y perspectiva para ver la gran rueda girar. Si alguien muere, puede entender que se haya ido, pero de forma inocente se pregunta cuándo volverá, cuándo va a despertar. 
Y yo creo que nos hacemos mayores y nos seguimos haciendo la misma pregunta, y por eso les fastidia tanto a los padres que les pregunten sobre la muerte, que les pregunten cuándo se van a morir, que les pregunten por qué hay niños que se mueren sin llegar a viejos. Les fastidia porque, después de tanto tiempo, después de haber visto girar la Rueda una y otra vez, aún no tienen respuesta para esa pregunta.

3.-PERSONAS DE ESTE MUNDO QUE ESTÁN MÁS CERCA DEL MÁS ALLÁ QUE DEL MÁS ACÁ.
Busqué un espacio apartado y poco transitado donde no molestara mucho y saqué carboncillo y libreta. Inmediatamente sobre mi se cirnió un hechizo de atracción magnética. Se me acercaron varias personas curiosas, entre ellas un joven, con aliento de alcohol y tinta en las venas. También una mujer mayor, como hippy, que parecía estar en su propia casa, que conocía este y otros cementerios al detalle, que se maravillaba con las pequeñas labras y relieves en piedra de ángeles y figuras varias. Veía entierros y recordaba como si fuera un suceso de magia los grandes funerales de los gitanos. Me preguntaba "Tu debes de comprar un montón de revistas pornográficas, no?" [para dibujarlas] como si me estuviera preguntando si compré el pan. Me contaba que a los niños que morían les ponían montañas de peluches en vez de flores. Me habla del erotismo, de la sugerencia, de si encuentro modelos por la calle para pintarlos desnudos "como hacía Picasso". Le pregunta a la gente si le había traído flores a sus familiares y a sus mascotas. Venía a hablar con su madre. Parecía estar esperando volver a verla.