25 jun 2016

Verano: la Plenitud


A lo largo de estas 4 entradas sobre las estaciones que he ido posteando con mis ilustraciones, fui explicando lo que esas estaciones significaban para mi, pero también fui contando una historia paralela, una historia de amor que no expliqué en su totalidad. Me gusta usar y jugar con las palabras, pero cuando dibujo algo me resulta prácticamente imposible explicarlo, porque ya está ahí, no hace falta decir nada más. Sin embargo, haré una pequeña recopilación de lo que fui publicando hasta el momento.

Otoño (clic para ver) es momento de encuentros. Aparece una persona A (el protagonista de la historia) con un agujero en el corazón, buscando una hoja caída de un árbol que encaje con su hueco y lo cubra. Otra persona B se acerca e interpreta el gesto como si le estuviera ofreciendo su corazón. 

En Invierno las personas forman una pareja, se complementan, se dan calor. Es un momento de felicidad, de calidez, de sentirse arropado en medio de las inclemencias del tiempo. Es poder contar con alguien, recibir apoyo y comprensión.

En Primavera, las cosas se tuercen. La pareja se rompe y nace la soledad. La persona A se encoge, se cierra. Echa raíces. Pero sucede algo más. Las lluvias forman un charco. La persona encogida mira en el charco y se ve a sí misma. Además, las lluvias y las inclemencias del tiempo nutren a la persona y de su cabeza acaban brotando flores.

Y llegamos al Verano. La persona se ha descubierto a si misma, ha aprendido y ha sido capaz de superarlo. Llega la Plenitud. Se descubre como una persona entera en sí misma, capaz de disfrutar, capaz de gozar de la vida. El sol brilla en lo alto y nutre la Tierra y su cuerpo, es todo lo que necesita.

En este momento, en verano, podría hacerlo Todo. Sin embargo, escoge disfrutar, aunque sólo sea un rato, del dolce fare niente. Feliz verano!

20 jun 2016

Inicios brujeriles. Parte 3

Esta parte es quizás la más importante para mi, la menos personal y la más práctica. Nos habíamos quedado en El Gran Libro de las Ciencias Ocultas. Expliqué un poco por encima algunos contenidos, voy a comentar su estructura. Tenía una primera parte introductoria que me salté olímpicamente y una segunda parte donde hablaba un poco de todo y mezclaba muchas cosas. Está bien como un primer acercamiento pero como se suele decir: quien mucho abarca poco aprieta. Y abarcaba mucho! Había un capítulo de magia, uno de brujería (malvada), uno de Cábala, otro de Alquimia, uno de Adivinación, bastante completo, uno de Espiritismo, otro de Hipnosis y alguna cosa más.

Dentro del capítulo de Magia, en el apartado de Magia Natural o Baja Magia, años después yo escribí "UIKA" porque en algún momento lo oí por televisión y me pareció muy interesante... guiño, guiño, codo, codo.

El caso es que un día dije yo: vale, esto es muy bonito todo, pero voy a ir en serio. 13 años tenía. Decidí leerme el libro entero, empezando por la introducción. Tachán! Allí estaba el mayor tesoro del libro: la introducción, la pedazo introducción. Todo el libro podría ser la introducción y no habría pasado nada. Quizás tendría menos éxito comercialmente.

La autora, Laura Tuan, escribía muchas cosas. Yo he escrito estas 3 partes de mis inicios brujeriles sólo con el propósito de hablar de esta introducción (la cosa se me fue de las manos, lo admito). Como dije en la parte 2, esa introducción ha marcado cómo soy hoy.

Lo que hoy llamaría brujo o wiccano, la autora lo llamaba ocultista. Lo que llamaríamos la Pirámide de los Brujos, ella lo llamaba "los cuatro Pilares del ocultismo" (saber, osar, querer y callar). Tenía una libreta donde había ido anotando todas estas cosas (mi primer Libro de Sombras!). Además, explicaba la ley del boomerang (hoy le llamaría Ley del Tres) había tablas de correspondencias planetarias y las Tablas Esmeralda, que por aquella edad no entendía ni la mitad de lo que decían! Hoy las vuelvo a leer y aunque el texto sea el mismo, lleva encima todo lo que he ido aprendiendo a mayores durante estos años. Seguro que dentro de otros 10 años, el significado que extraigo también ha cambiado.

Además, había distintas pautas de conducta, teñidas de un optimismo me me alegraba el día cada vez que los leía. Hablaba de los ciclos, de la Era de Acuario. Hablaba del poder y la responsabilidad, de la ley de causa-efecto. Invitaba a retirarse de los excesos, a aprender a hacer sacrificios personales, a distinguir el capricho del verdadero deseo. Hablaba de que el tabaco, drogas y el alcohol "obstruían las vías ocultas", lo cual hizo que tardara muuuucho en tomarme una cerveza. Como forma de reforzar la voluntad, sugería hacer cosas que no nos gusten o nos cueste hacer (como donar sangre si le tienes miedo a las agujas).

Pero lo que más importante fue para mi eran los llamados ejercicios previos, base de toda práctica mágica y de todo sistema espiritual. Creo que todo el mundo debería conocerlos y practicarlos.

El primero era respirar. Ofrecía distintos ejercicios de respiración, hablaba de pranayama pero sobre todo hacía hincapié en la importancia de ser conscientes de nuestra respiración, de respirar de forma adecuada y relajada. Escucho mucho en el ámbito pagano que respirar es el primer acto de magia. No podría estar más de acuerdo.

El segundo, en caso de que tuvieran algún orden, era la relajación. La importancia de "despejar y liberar", como lo llamaría hoy, todas las tensiones para dejar fluir las energías, para limpiarnos o simplemente para disfrutar de un agradable momento de conexión con nosotros mismos.

El tercero, era la concentración. Acostumbrarnos a centrar y fijar nuestra atención en un punto o un objeto y no desviarla. Centrar nuestros pensamientos en todo lo que implica ese objeto (un lápiz, una piedra...). Aumentar el tiempo de forma progresiva.

El cuarto, la meditación. Hablaba de acallar los pensamientos. En caso de que alguno surgiera, dejarlo desvanecerse como una nube.

Y el quinto, la visualización, practicando primero con figuras y formas en blanco y negro, luego en colores y luego objetos más complejos, letras, etc.

Para mi, estos cinco sencillos ejercicios son mi base, mis cimientos. En tiempos de estrés, suelo recurrir a ellos antes que a cualquier otra cosa. Pero además, a lo largo de todos ellos, hablaba de algo muy muy importante: ser conscientes. Es algo que cada vez parece más complicado en la sociedad hiper informatizada en la que vivimos. Muchas veces (ya hablé de esto) me he encontrado mi móvil llenando un maravilloso momento vacío. O la música incansable tapando un estupendo silencio. O esa prisa que a veces llevamos sin saber por qué. 

Pues de eso nada. El libro invitaba a disfrutar, disfrutar de la espera en la parada del bus, de un atasco, para ser consciente de tu respiración, para sentir la brisa o el sol en tu cara. Disfrutar de un largo trayecto para concentrarte en un libro complejo, en un cartel publicitario, o en un asiento que tienes delante. Centrar tu atención cuando comes, masticar despacio, saborear la comida. Respirar. Centrar tu atención cuando cocinas, cuando friegas. Atreverte, enfrentarte a tus miedos. Permitirte relajarte antes de ir a dormir. Visualizar una esfera de luz a nuestro alrededor para protegernos. Vivir acorde a los ciclos naturales. Llenar nuestro lugar de trabajo o descanso de esperanzas, energías positivas.

Decía también que el ocultista, el mago, el brujo, no se caracterizará por exóticos turbantes, por ropas orientales, por largas cadenas con amuletos. Es un modo de vida, que no consiste en buscar el bien absoluto sino la armonía. Y es que muchas veces nos quejarnos de que no tenemos tiempo para practicar magia o para atender a nuestros ejercicios espirituales. Yo el primero. Pero no es cierto, tenemos 24 horas cada día. Es una enseñanza que, pasados 10 años, merece la pena seguir recordando.

19 jun 2016

Inicios Brujeriles. Parte 2

Empezamos más o menos donde lo dejé, con los libros del Aprendiz de Brujo.

Mis padres sabían que me gustaban estas cosas, era evidente. Creo que una vez salí "del armario de las escobas" con mi madre. Vale, esto puede ser vergonzoso, pero para mi en ese momento (11 años?) era muy serio. Le dije que tenía que hablar con ella y le conté que creía que tenía poderes mágicos. La verdad es que no sé qué respuesta me esperaba. Cabe destacar que esa misma mañana había adivinado un número que alguien había pensado y se me había subido el tema a la cabeza. Casualidad o no, para mi era importante. Era un niño!

¿La reacción de mi madre? Ninguna, me parece a mi que pasó un poco del tema. A mi me encantaría que algún día ella viniese junto a mi a decirme que ha descubierto la magia dentro de ella como lo hice yo de pequeño. Sería hermoso. Yo creo que va por el camino de hacerlo.

Mientras tanto, mi padre de alguna manera le habló de mí a un compañero suyo de trabajo, Alberto. Alberto estaba en una encrucijada en ese momento. Le gustaban dos compañeras de trabajo: Elvira (?) y María. De alguna forma que yo desconozco, le pidió a mi padre que me preguntase (sin yo conocerlo de nada) cuál creía que le convenía más. Estamos hablando de que yo tenía... 11? 12 años? Más no.

Posiblemente una de las únicas "consultas" que realicé en mi vida. Le pedí foto de la palma de la mano, que no pude ver con ninguna claridad. Así que recurrí a la aritmología o aritmancia y descubrí que Alberto y María "encajaban" numerológicamente. Así que se lo dije (vía papá), añadiendo un amuleto de cartulina que le hice con su número y color de la suerte.

A Alberto pareció convencerle el asunto y agradeció mi ayuda. Tengo que decir que los acabé conociendo posteriormente y hacen una pareja estupenda. Creo que a día de hoy siguen juntos. Pero... ¿cómo agradeció Alberto mi ayuda? Regalándome un libro. UN PEDAZO LIBRO.

El susodicho libro ha sido mi libro de cabecera en materia esotérica desde entonces hasta que descubrí la wicca. A día de hoy lo sigo consultando de vez en cuando.

Vuelvo a darme cuenta de que me estoy extendiendo demasiado...

El caso es que el libro es El Gran Libro de las Ciencias Ocultas, de Laura Tuan. Mis padres no me lo querían dejar leer, pero finalmente cedieron. Doce años tenía, os recuerdo. Y eso que, según Alberto, fue la opción más suave de las que encontró (las otras opciones eran un libro de magia amorosa y uno de invocaciones a demonios).

Pues bien, ese libro, EL LIBRO, ha marcado mi vida por completo. Hoy por hoy, soy como soy gracias o por culpa de ese libro. ¿Qué es lo que tenía?

En primer lugar, lo que leí era lo que leería un niño de 12 años con cierta curiosidad morbosa sobre el esoterismo: cómo hacer una ouija (para escándalo de mis padres). También exploré bien a fondo el capítulo de invocar espíritus, ángeles y demonios, el de brujería, el de hechizos y algo de Tarot y de péndulo y viajes atrales. Como curiosidad apuntar que en el capítulo de brujería mezclaba misas negras con el handfasting, lo cual nunca había acabado de convencerme.

Y... voy a tener que hacer una parte 3?

18 jun 2016

Inicios Brujeriles. Parte 1

Hay un tema que suele ser recurrente en esto de los blogs, que es contar cómo llegó uno a donde está actualmente. Yo tardé bastante en conocer la wicca, en concreto lo hice a los 18 años. Pero no voy a hablar de ello, sino de mis primeros escarceos brujeriles de pequeño.

Haciendo honor a la verdad, es posible que Harry Potter tuviera gran culpa de que yo esté en estos mundos actualmente. Pero antes de leer esos libros, yo ya tenía una cierta fascinación especial por la magia/ilusionismo. También hay una anécdota curiosa que recuerdo acerca de unos sueños que tuve siendo yo muy pequeño.

Quizás alguien recuerda el helado Mikobruja, era mi favorito. Tenía una bola de chicle al fondo y una ilustración de una bruja malvada por fuera. Yo no sé hasta qué punto lo que voy a contar fue cierto, porque hace tantos años de esto que quizás mi cerebro cambió el recuerdo sin ser yo consciente.

Pues bien, creo recordar que yo tenía una serie de pesadillas recurrentes con una bruja muy similar a la del helado, que vivía en un castillo de piedra y removía un gran caldero. Yo me escondía debajo de una mesa por miedo, hasta que una noche decidí "hacerme amigo de la bruja". Era parte de una política que había ideado por aquel entonces según la cual, si conocía a alguien malo como un terrorista o un ladrón, intentaría convencerle de que las cosas malas que hacía no tenían sentido y me haría su amigo; por lo menos, para ganar tiempo mientras no llegase la policía.

Pues bien, en el momento en que traté de hacerme amigo de la bruja, ella me dijo algo que no recuerdo y se fue volando en su escoba por una ventana. Creo que me había dicho que volvería para enseñarme. No volví a saber de ella.

Madre mía lo que llevo escrito ya y aún voy por la bruja.

Siguiendo el boom de Harry Potter, aparecieron muchos libros similares. Recuerdo con especial cariño y devoción unos que se llamaban El libro del aprendiz de brujo. Cuando vi ese libro en la librería sentí amor, fue un flechazo a primera vista. Ése y el siguiente libro de la colección, El libro de juegos del aprendiz de brujo fueron para mi la forma más emocionante de darme cuenta de que las cosas de las que se hablaba en los libros de Harry Potter no eran una fantasía de la autora: realmente se podían leer los posos de té, existían las runas y la aritmancia! Además venía con una guía muy completa para celebrar lo que hoy llamaría un sabbat. Venían juegos, leyendas y actividades para hacer durante solsticio de verano, en el de invierno, en primavera (explicaba qué era un palo de mayo!), en Hallowen, etc. Cabe recordar que por aquel entonces tenía 10 años y, aunque no celebré ninguna de esas fiestas a lo grande, éstas quedaron flotando en mi mente y señaladas como momentos clave del calendario.

Desde luego, hoy veo esos libros con otros ojos, unos ojos de un semi-adulto wiccano que no le restan valor sino todo lo contrario. Veo la de cosas ocultas de forma inocente que había en esos libros y en sus maravillosas ilustraciones y me quedo fascinado.

Una de las fiestas que intenté celebrar durante varios años fue Halloween, pero me encontré con la negativa de mis padres. Recuerdo una tarde de otoño junto a una chimenea, haciendo bolas con papel de periódico para que prendiera el fuego. De pronto me encontré en una página, en una esquina, una brevísima mención de Halloween, un par de líneas, quizás algún colegio que lo había celebrado. Recorté esa esquina y la guardé. Cuando la hoguera estuvo prendida, lancé el recorte al fuego deseando que al arder, el humo ascendiera y atrajera a Galicia esa fiesta que tanto me apetecía celebrar. Posiblemente, sin planteármelo, haya sido mi primer hechizo. Parece que funcionó!

Y hasta aquí la Parte 1 porque veo que esto va para largo...

28 may 2016

La tejedora

"El gran misterio ahí, bajo su cintura"
La tejedora, de Christina Rosenvinge. 

Se empieza como siempre, respirando, respirando hondo. Sientes el aire entrando en ti, sientes el universo entrando, acariciando el interior de tus fosas nasales, tu garganta, tus pulmones, llenándote de vida. Respirando eres uno con el universo. 

Pero esta vez el aire no era como antes. No olía a incienso. Ni siquiera a vegetación, a bosque, a río, a tierra. Olía diferente. Solté el aire, relajando mis músculos, cerrando mis ojos, dejando que se desvaneciera esa presión en mis muñecas. 

Sentí que me empujaban, me apretaban dos cuerpos a mi lado. Inspiré, ese olor acre, espiré. Inspiré. Intenté dejar todo aquello atrás. Espiré. Por algún motivo que no recordaba ahora, sentí dos húmedos regueros cálidos resbalando por mi rostro. 

Inspiré, sintiendo mi cuerpo llenándose de luz. Empujones de nuevo. La luz se expandía a mi alrededor, formando un círculo. El círculo. Unas voces se alzaban, voces que formaban parte del mundo, del universo, quizás como el canto de los pájaros. Traté de no juzgar su agresividad. Ni ese olor, a sudor, a miedo.

Me centré de nuevo. Sentí los elementos rodeando el círculo, asegurándolo, como grandes barreras hechas de Aire, Fuego, Agua y Tierra. Me recordaban que la vida iba más allá de mi propia existencia. Me recordaban que yo era sólo una parte minúscula. Inspiré. Sentí la aceleración en mi cuerpo, el movimiento, la inestabilidad. Espiré.

Se me presentó Ella, con múltiples madejas plateadas, intrincadas, tejiendo. Me enseñó nuestros destinos, atados. Lo que me hicieran, se lo estarían haciendo a sí mismos. En su telar, todos somos uno.

Pedí paz.

Su imagen reconfortante se desvanecía, traté de llamarla, de mantenerla en mi mente. Me empujaban de nuevo, respiré y el aire había cambiado. Era olor a noche de verano, tan agradable... Sentí la sutil caricia de los rayos de luna llena en mi piel, sentí Su abrazo. 

La vi de nuevo ante mi, esta vez con muchos otros rostros a su lado. Mis ancestros, los pude ver más nítidos que nunca. Alguien me obligaba a ponerme de pie. Gritaban a mi alrededor. Mis ancestros me rodearon formando una rueda y pude escuchar sus voces elevándose en una muda melodía. Oí un grito de desesperación a mi alrededor, una súplica. 

Su canción callada inundó mi mente, una canción que nunca antes había oído, como una nana. Su ritmo se fue elevando hasta que fue cantada de forma cada vez más frenética y más alta. Me empujaban de nuevo, con violencia. Mi círculo se tambaleaba, las voces se distorsionaba, los rostros se borraban.

Silencio.

Inspiré. Entonces lo sentí. Algo rompió por completo el círculo, se hacía mil añicos a mi alrededor. Un dolor lacerante lo hizo estallar por completo. El ardor en el costado hizo que mis sentidos se desequilibrasen. Mis rodillas sumaron nuevo dolor físico al dar con el suelo. 

Todo se empezó a ralentizar. Percibía mi alrededor a cámara lenta. Los pasos sobre la grava. Otros disparos, otros cuerpos caídos. La cálida flacidez de algunos compañeros.

Los rostros de mis ancestros se formaron más nítidos de nuevo, se transformaron en una suerte de fantasmas cenicientos que me abrazaron en una cálida y sosegada oscuridad.

Ella, cortó el hilo.

Pude ver el tapiz de mi vida frente a mi, acabado, una obra divina que concentraba todos aquellos años en un instante que era nada. Todo el dolor, todo el sufrimiento. Nada. Todo el miedo, todo el vacío. Nada. Los éxitos, el amor, los momentos de felicidad. Nada.

No sabría determinar el tiempo que así estuve, almacenando, repasando, aprendiendo de cada momento vital, de cada experiencia. Un día, un año, tal vez un siglo de descanso reparador, de ensoñaciones con lugares donde hubiera querido estar para siempre. 

***

El abrazo ancestral que hasta ese momento me había parecido eterno, ahora lo percibí sólo como un instante más, otro pestañeo en mi existencia. Los sentidos físicos iban despertando lentamente. Ese abrazo de oscuridad reconfortante se volvió húmedo, cálido y seguro. 

Yo quería quedarme allí. Pero no podía. Algo me lo impedía, me empujaba.

Sentí que me movía, de alguna forma, sentí que me expulsaban, me echaban. Yo quería mi confort, al fin tenía paz y ahora me lo arrebataban.

Atravesé el umbral y entonces, vi la luz.

Inspiré y sentí de nuevo el mundo y el frío. Mis sentidos adormecidos me impedían entender lo que pasaba. Supe que una nueva madeja empezaba a tejerse en ese momento. Mi paz acabó, volvía a empezar el trajín de la vida, una vida a la que me agarraba instintivamente con cada rápida respiración. Yo no quería, no sabía si sabría cómo hacerlo esta vez. Me sentí débil, cansado, torpe. No podía sino llorar y llorar en la extrema frustración de sentir mi tranquilidad arrebatada, de no saber cómo volver a enfrentarme con una nueva existencia, de sentirme perdido.

Con el llanto se disolvían los recuerdos de mi otra vida, resbalaban por mi cara, por mi memoria, como un sueño que se escurre entre los pensamientos del que acaba de despertar y, poco a poco, va desapareciendo sin que se note su ausencia.

Y entonces escuché una nana, de una voz emocionada, feliz y exhausta, una nana que me parecía recordar de tiempo atrás. Sentí la cálida leche saciando mi sed. Y descubrí de nuevo la paz.

20 mar 2016

Primavera: el Crecimiento

En esta ilustración, una persona se encoge en sí misma bajo la lluvia. Se cierra al mundo exterior, pero de su cabeza comienzan a brotar plantas y flores. Aunque agache la cabeza, un charco le permite ver su reflejo y el cielo sobre él. Es la reflexión, pensamiento como reflejo de nuestro interior.

Si la comparamos con las ilustraciones de las estaciones previas, podemos ver que esta vez el personaje está solo, sin compañía. Eso le entristece, pero también le hace ser consciente de su propio yo, algo que había olvidado. Comienzan las grandes preguntas que no esperan respuesta.

Así siento yo la primavera. Es un momento en que la conciencia parece despertar tras el acogedor frío del invierno, aunque ese despertar no siempre sea del todo agradable. Yo suelo encerrarme literal y metafóricamente, el fin de curso se acerca cada vez más y es necesario ponerse a trabajar de forma intensiva, darlo todo.

Además, relaciono esta estación con el descubrimiento de la wicca. (pausa). Acabo de echar un vistazo a mi antiguo blog, las entradas de justo antes de descubrir la wicca son total y absolutamente wiccanas, sobre todo en el trasfondo filosófico (hasta felicité el 2 de febrero como momento de despertar del sol, sin saber que había gente que a ese día le llamaba Imbolc). Era un momento en que me estaba planteando grandes cuestiones. Estaba bajo la lluvia, mirando mi propio reflejo y dentro de mi mismo, estaba comenzando a brotar algo. Y de repente, paf! Leo la palabra "wicca" en una revista y todo cobra sentido. Fue como si levantara la cabeza y de repente pudiera ver todo un mundo nuevo a mi alrededor. Fue como si hubiera vuelto a nacer, o como si algo nuevo hubiera nacido dentro de mi.

Para mi es momento de reflexión, pero de reflexión proactiva. Es tiempo de mirar dentro de nuestro jardín interior, limpiar las malas hierbas que roban nutrientes y prestar atención y cuidados a aquellas plantas que realmente queremos que crezcan hermosas y saludables.

Estaciones ilustradas anteriores:
Otoño: el Comienzo
Invierno: la Calidez

15 mar 2016

Miscelánea existencial

Acerca de una conferencia
Estamos encerrados en una habitación. Hay una puerta abierta que nos permite salir, pero está custodiada con un guarda que nos dice que no podemos atravesarla. Así es la ley, así la metáfora que usaba un conferenciante este lunes para explicarnos que estamos condicionados por todo lo que nos rodea, pero no es hasta que nos salimos de la normalidad establecida que nos topamos con el muro, con el obstáculo, con el impedimento.
Charlas que son un revés, una bofetada, un cuestionamiento de lo establecido. ¿Quié soy yo? ¿Cuál es el alcance de mi yo? Ahora mismo soy mi cuerpo, soy mi portátil que uso más de lo que uso mis músculos. Soy mi casa, soy mi cama. Soy mi móvil, soy mi facebook, mis dos facebook, el pagano con el nombre disfrazado y el de disfraz de persona normal con mi nombre de pila. Soy mis amigos, las relaciones, las que elijo, las que busco, las que encuentro. Soy mis trabajos, soy mi esfuerzo, mi creatividad. Soy mi ciudad. Soy el aire, la tierra, el agua y el fuego. Soy divino. "Me gusta sentirme todo... Tú también, me gusta sentirme tú también." (frase de concha buika),

Descripción para aplicaciones de ligue
Llega un momento en que la carne no es sexy, es solo carne y las hienas se pelean por saborearla. Su risa sardónica aumenta hasta la asfixia por otra dentellada. Y me da igual tu cara y me da igual tu mirada. Me da igual si sientes o amas, si luchas o escapas. ¿Eres activo o pasivo? ¿Cómo la tienes de larga? Tableta de chocolate, ¿la comes o la escondes bajo ese trozo de tela barata? ¿Hay algo detrás de esa máscara? Soy superficial pero profundo, místico ascético y laico hasta la médula; espiritualidad en la intimidad. Nunca tuve demasiado interés en el sexo por obligación, pero me gusta pasarlo bien. Sé usar el punto y coma; escribo mejor de lo que hablo, escucho mejor que hablo, callo mejor que escucho. Dibujo y pinto sin que me vaya la vida en ello. Si me enamoro lo hago para siempre, pero no soy excluyente, mi corazón alberga muchas oquedades. A veces soy como tú también.

Acerca del paganismo urbano
Definitivamente mi estilo pagano no es el misticismo mágico natural armónico. Mis ríos son de asfalto, son edificios los que me devuelven la mirada a través de las ventanas. La luz de la noche es artificial, compite con la luna y oculta las estrellas. Y aún así, hay vida latiendo.

Carta a mi yo del futuro
Querido yo del futuro, te vislumbro trabajando por hacer las cosas bien. Luchando por el sentido común. No decaigas.

Carta a mi yo del presente
Querido yo del presente: estás estudiando una carrera en la que no crees. No te centres en el qué, céntrate en el cómo. Estás aprendiendo y adquiriendo valiosas herramientas. Simplemente el mundo tiene que cambia. No arrases ni un metro cuadrado de tierra por algo que no valga realmente la pena. No es momento de crecer hacia afuera, no es momento de expandirse, es momento de arreglar todo lo que se ha hecho mal hasta el momento, es tiempo de regenerar, tiempo de curar las ciudades, de permitirles respirar, de introducir vida, de mover mentes, de sacar coches. Es momento de aspirar alto. Dentro de ti yace la duda y el miedo como una pequeña piedra de luz negra. Tú sabes que no hay que hacerle caso. Sabes que por cada escalón que subías pensabas que el siguiente paso era imposible, y no lo era. La forma de hacer las cosas es paso a paso. Escucha a tu intuición, a tu Yo Superior, porque aunque a veces no quieras hacerle caso, te guía bien y te guía sabiamente. Vas bien. Sigue adelante.

A los que me leéis
Una aclaración que veo pertinente realizar de cuando en cuando. No penséis que por que escriba idas de olla, ralladuras mentales o cosas oscuras soy así todo el tiempo, la verdad es que escribir siempre ha sido una terapia estupenda, una vía de escape a través de la cual hago una pausa, reflexiono, recojo lo hecho, recojo lo que queda por hacer, invento, creo, me divierto, me frustro, me sumerjo, toco fondo y tomo impulso para salir de nuevo a la superficie, respirar aire nuevo y continuar mi camino con fuerzas renovadas y, si cabe, con las ideas más claras.  

4 mar 2016

Pesadillas eclesiásticas: experiencia con los sueños.

Hace un año, en Imbolc, me encontraba de vacaciones en Berlín y sin posibilidad de realizar un ritual formal para celebrar el sabat. Se me ocurrió que, como una pequeña celebración de ese día sagrado, podía acercarme a una iglesia a encender una vela. Finalmente no pude, porque cuando lo iba a hacer, estaban cerrando la  iglesia en cuestión. Sin embargo, la idea caló en mi mente de alguna manera.

Más o menos por aquella época, coincidió que teníamos que empezar a pensar un tema para un trabajo de investigación. Uno de los temas que tenía como posibilidad era estudiar iglesias contemporáneas. De alguna forma, siempre sentí una atracción por las catedrales y las preciosas iglesias rurales gallegas y me parecía una posibilidad interesante. Además, creo que es una forma muy interesante de estudiar la relación entre la espiritualidad y la arquitectura.

Y aquí es donde entran los sueños. He desarrollado un trabajo con los sueños de forma intermitente. Cuando me centro en apuntarlos por la mañana, soy capaz de recordar gran número de sueños a lo largo de la noche. Pero actualmente es una práctica que tengo abandonada porque recordar los sueños hacía que durmiera mucho menos. Sin embargo, los sueños a los que me voy a referir ocurrieron en un período de no-trabajo con los sueños y aún así era capaz de recordarlos con gran viveza incluso sin apuntarlos. Esa es una de las señales de que eran algo importante. La otra señal es que tuve varios sueños muy similares.

¿Y en qué consistían esos sueños misteriosos? Pues era yo dentro de una iglesia. Recuerdo tres distintas, puede que hubiera soñado con una cuarta que no recuerdo como era. Yo me sentía cómodo dentro de ellas, incluso fascinado. Una de ellas era particularmente curiosa, construida en mampostería con la forma de un barco vikingo (posteriormente me sorprendió descubrir que existen casas en Portugal de posible influencia vikinga y con la forma exacta que yo soñé).

El argumento variaba de unos sueños a otros, en algunos me sentaba a meditar, en otros encendía algo de incienso y algunas velas. En todos aparecía un cura. Una de las veces me decía que tenía que hacer la confirmación para estar ahí. Me preguntaban: "¿Crees en un solo Dios?" Y yo pensaba, bueno, sí, creo en una divinidad única que puede tener muchas facetas, así que respondía "sí creo".  Me volvía a preguntar ¿reniegas a Satanás en todas sus formas? Y yo pensaba, yo en ese señor no creo, así que "sí reniego". Y por último, como si leyera mis pensamientos preguntaba "¿Renuncias a todo dios pagano?" Error, error!!! Noooo!! Y me despertaba sobresaltado, tal era la angustia que me hacía vivir. En otra ocasión, un cura se acercaba para echarme de ese lugar sagrado simplemente porque sabía que yo no comulgaba con lo que allí se celebraba.

La tercera, o tal vez cuarta vez que me sucedió, fue cuando decidí que eso tenía que apuntarlo e investigarlo, y fue cuando me di cuenta de la relación con todo lo anterior y la explicación: en primer lugar, las iglesias no son mi templo. Allí se adoran a unos dioses que respeto pero que tienen poco que ver con los míos. Y desde el punto de vista académico, aunque me puedan interesar, creo que es necesario tener una cierta conexión con lo que en ellas se celebra para poder estudiarlas. No es mi caso. Al darme cuenta de a qué venían los sueños y de lo que me estaban advirtiendo, dejé de tenerlos. No sé lo que habría pasado si me hubiera puesto a investigar sobre iglesias, pero actualmente no me imagino haciéndolo, siento una cierta repulsión. Encontré otro tema sobre el que investigar con el que estoy realmente contento, que son los cementerios. No sólo es un campo de estudio sobre el que la arquitectura se ha olvidado mucho sino que también me permite conectar con el mundo espiritual, de los símbolos y metáforas sobre la vida y la muerte sin por ello tener una connotación religiosa clara.

26 feb 2016

Primeros pasos para el trabajo con sueños

Hoy voy a escribir una entrada más práctica de lo habitual para hablar del trabajo con sueños. No soy ningún experto pero creo que puedo proporcionar una base para aquellos que quieran empezar a trabajar con el mundo onírico.

En primer lugar, lo principal y más complicado para mucha gente, consiste en recordar los sueños. El proceso es sencillo pero requiere perseverancia, no se alcanzan resultado óptimos en una semana sino que tenemos que verlo como un trabajo a largo plazo. Cada persona tendrá un ritmo diferente. 
 
¿Cómo recordamos nuestros sueños? Es tan sencillo como apuntar nuestros sueños nada más levantarnos. Esto que es tan fácil decir puede resultar muy complicado de adaptar a nuestras vidas. En general nos levantamos con el tiempo justo para ducharnos, desayunar, vestirnos y salir de casa y no pensamos en otra cosa. Es hora de cambiar la rutina y reservar unos minutos de la mañana a apuntar nuestros sueños. Nada de posponer el despertador ni quedarnos remoloneando en la cama, porque de ese modo olvidaremos los sueños a no ser que fueran muy vívidos, y aún así habrá detalles que se irán desvaneciendo. En un gran ejercicio para reforzar nuestra voluntad, nada más despertar debemos incorporarnos y ponernos frente el cuaderno a escribir. Yo particularmente me siento mucho más despierto después de hacer esto y con más energías.

¿Qué pasa si aún así no recordamos nada? Al principio puede que nos cueste acostumbrarnos. Es muy recomendable tener un cuaderno que sea dedicado en exclusiva para apuntar nuestros sueños. Puede ser un cuaderno especial o puede que queramos decorarlo, si lo hacemos teniendo en mente que recordaremos y apuntaremos los sueños en él, puede ser de gran ayuda. Otro ejercicio muy sencillo consiste en meditar antes de dormir con el cuaderno y bolígrafo frente a nosotros (podemos colocarlos en nuestro altar) y cuando estemos en estado meditativo repetir la afirmación "cuando despierte recordaré y apuntaré mis sueños" o algo similar. Luego dejaremos el cuaderno de sueños y el bolígrafo en un lugar que podamos ver nada más despertarnos.

¿Cómo interpretamos los sueños? Una vez empecemos a recordar nuestros sueños, posiblemente nos preguntemos qué significan. Hay varios factores que debemos tener en cuenta. En primer lugar, es posible que la mayoría de nuestros sueños no nos quieran decir nada, simplemente son un producto de nuestra imaginación. En segundo lugar, tan importante o más que lo que sucede en los sueños es cómo nos sentimos al respecto. En tercer lugar, es posible que nos encontremos que ciertos sueños se repiten o que tienen un patrón similar, posiblemente sean sueños especialmente significativos para nosotros que debemos desentrañar.

Ejemplo de la importancia de nuestras emociones en un sueño:
De vez en cuando yo sueño que alguien "malo" me persigue. Algo tan sencillo puede ser interpretado de múltiples maneras. En general, suelen ser sueños agradables porque desarrollo una estrategia o lucho para vencer al enemigo, lo que podría ser interpretado como un mensaje de mi subconsciente que estoy capacitado para vencer los problemas y retos que se me pongan por delante aunque yo no lo crea así. Sin embargo, hay gente que sufre especialmente con este tipo de sueños, que es perseguida y eso le genera angustia. Sería un buen momento para analizar si las obligaciones que tenemos en nuestra vida nos están sobrepasando, si debemos pedir ayuda o tomar decisiones importantes al respecto.

La próxima semana contaré un largo ejemplo de sueños repetitivos y el mensaje que me trasmitían.

Epílogo: cuando recordar los sueños se convierte en un verdadero problema.
Actualmente no recuerdo mis sueños. Si alguna vez tengo uno especialmente vívido o significativo suelo apuntarlo, pero deliberadamente he escogido dejar de recordarlos. ¿Por qué? A medida que iba progresando era capaz de recordar cada vez más sueños y más detalles. Alguno de ellos ocupaba varias páginas en mi cuaderno y llegué a tener dramas de la altura de Titanic. Creativamente pueden ser una fuente fantástica de ideas, sobre todo cuando mi cuaderno empezó a incorporar dibujos de lo que soñaba. Sin embargo, esto llegó a tal extremo que me empecé a "programar" sin quererlo para despertarme después de cada sueño, lo que ocasionaba que no pudiera descansar. Cuando esto sucede, invierto el ejercicio y antes de dormir me digo que tendré un profundo sueño reparador.

19 feb 2016

Horror Vacui

Fotograma de El Cuento de la Princesa Kaguya.
Recuerdo con especial cariño los momentos después de leer cuando era pequeño. Me podía pasar largo tiempo sentado o acostado pensando, reflexionando o simplemente con la mente en blanco, asimilando lo que había leído.

Hoy, las tornas han cambiado. No solo no leo tanto como me gustaría sino que tiendo a rellenar los huecos de reflexión con la fría luz de la pantalla de mi móvil o la de mi ordenador. Mi cuerpo recurre a ella de manera casi inconsciente al soltar un libro. Lo mismo sucede antes de empezar un trabajo, al acabarlo, durante... La tecnología llena de posibilidades nuestro tiempo para impedir que nos aburramos, pero yo descubro que necesito tiempo para asimilar, para aburrirme, para crear.

Hace poco vi una película de esas que cambian la consciencia, que me han hecho escribir de nuevo largo y calmado con lápiz y papel, palabras que ahora transcribo al ordenador.

La película se llama El Cuento de la Princesa Kaguya. La recomiendo encarecidamente. Muy encarecidamente. En serio. Es una joya de la cinematografía, de esas que nos regala Ghibli. Tiene poco más de un año de antigüedad y contrasta tanto con nuestra forma actual de entender el mundo, la vida y el cine comercial que me ha hecho ver las diferencias de una forma diáfana: tenemos horror vacui, un tremendo miedo al vacío y una tendencia a llenarlo todo en todo momento. Nos sucede en nuestros hogares, en nuestras relaciones, en nuestro cine y en nuestra mente. Tenemos horror a estar solos, horror a estar en silencio, horror a pensar y mirar dentro de nosotros.

Visualmente, la película está incompleta. Cada imagen está llena de blancos, con los bordes inacabados y las figuras bocetadas. Nuestra mente puede completar e interpretar los vacíos que faltan, porque sólo se representa lo imprescindible. Sucede todo lo contrario en la animación occidental, donde la vanguardia es sinónimo de un avance tecnológico (y no artístico) que permita representar las texturas, luces y materiales de la forma más realista posible. 

El trasfondo de la película también habla sobre el vacío. Muchas veces tenemos la sensación de que no paran de bombardearnos con la necesidad de llenar nuestras vidas de todo tipo de cosas: una casa mejor, un coche mejor, una fregona mejor, un trabajo mejor, unas vacaciones mejores. Y no es cierto que lo necesitemos. A veces me sorprende darme cuenta de lo poco que uno necesita para ser feliz. En la película se hace un gran hincapié en eso, hay un gran contraste entre lo que sucede cuando haces lo que quieres y lo que sucede cuando haces lo que se supone que deberías hacer para ser feliz.

Por último, me enamora la gran importancia que se da a los ciclos en la película, al paso de las estaciones, al crecimiento, a la madurez. A hacer lo propio a cada momento. Dejo para acabar parte de la canción que va hilando toda la película, que celebra la vida y que, por cierto, podría incluso ser utilizada en un ritual, ¿no?

"Gira, gira, gira
molino, gira 
gira y llama al señor Sol
gira y llama al señor Sol.
Aves, bichos bestias,
pastos, árboles, flores,
traed primavera y verano, otoño e invierno
traed primavera y verano, otoño e invierno"

(recomiendo verla en VOS porque las voces en japonés son estupendas, aunque no escuché la versión doblada al español y por lo tanto no las puedo comparar)