26 mar 2017

Palabra y fotografía, o la importancia de ser certero

En mi primera clase de fotografía el profesor nos hablaba de la facilidad que existe hoy en día para sacar fotos, lo cual supone un arma de doble filo. Una mayor accesibilidad, así como una gran mejora en el almacenamiento de las fotografías hace que congelar una instantánea se convierta en un hecho cotidiano y muchas veces banal.

Pensemos en las cámaras de antes, las analógicas con carretes de 36 fotos. Cada fotografía tenía que merecer la pena, tenía que ser pensada y estudiada. Cuando en vez de 36 tenemos una capacidad casi infinita de almacenamiento, no concedemos tanta importancia a ese hecho, a la contención, al planeamiento, a la reflexión. Almacenamos cientos de fotografías en nuestros aparatos electrónicos que muchas veces no volvemos a ver después de realizadas.

Y mientras el profesor nos contaba todo esto con gran humor, mi mente no podía dejar de pensar en la ley del Silencio de la pirámide de los bujos. Nuestras palabras tienen poder, nuestro silencio también. Y debemos ser cuidadosos con ellos y usarlos con sabiduría. Y no me refiero a pasarse callados todo el día (cosa que por otro lado puede ser muy interesante), sino a medir muy bien nuestras palabras.

En generar esto se podría resumir en un corolario al que recurro con cierta frecuencia: ser conscientes. Ser conscientes significa estar concentrados en lo que hacemos y poner nuestra energía en ello. Fregar siendo conscientes que que fregamos, limpiamos, purificamos. Andar siendo conscientes de que caminamos, nos movemos, nos desplazamos. Hablar siendo conscientes de lo que significan e implican las palabras que decimos y, al igual que es necesario para aprender fotografía, sustituir el modo Automático por el modo Manual.
 
Cuando escuchaba a mi profesor de fotografía hablar sobre no sacar 100 fotografías cuando puedes sacar una buena, recordaba la importancia ser certeros cuando hablamos. Si no damos importancia a nuestra palabra podría perder su valor. Nuestra palabra es un vínculo con aquellos a quienes llega, y con nosotros mismos, tanto en la vida cotidiana como en nuestros actos mágicos. Si adquirimos un compromiso y no lo cumplimos, estamos demostrando que el valor de nuestras palabras es escasa y, por lo tanto, a la hora de realizar un acto mágico y realicemos un decreto o un conjuro en los que la palabra tenga un gran valor, éstos podrían verse afectados. Por ejemplo, si digo que me encargo de fregar los platos y no los friego, cuando diga que estoy lleno de enrgía y protegido, mi mente me dira: "O igual no".

Y ¿de qué manera podríamos mejorar nuestro poder verbal? Pues al igual que se trabaja en cualquier ámbito artístico, por proyectos, que pueden ser cosas muy sencillas. Podemos establecer compromisos, objetivos y retos con nosotros mismos, como meditar durante una semana todos los días  a las 11 de la noche si no tenemos la costumbre de meditar, o dejar nuestra casa limpia y recogida antes de acostarnos, leer esos libros que tenemos pendientes, etc. De esta forma reforzaremos nuestra fuerza de voluntad y el poder de nuestra palabra.

10 mar 2017

Dioses y Arquitectura, o la divinad como estética

"Hoy en día vivo a la Diosa primordialmente como expresión de la tierra y del lugar"  
Starhawk

Qué inspiradores son los viajes para reflexionar. El pasado verano estuve en Madrid y aproveché mi viaje para visitar el Museo Arqueológico Nacional (cinco estrellas), deteniéndome en los espacios dedicados a rituales y cultos, especialmente enterramientos debido a un trabajo que estaba empezando a desarrollar. Y quizás me hizo falta verlo de una forma tan explícita para que -no por primera vez- me haya llamado la atención lo siguiente.

Las divinidades tienen una cierta relación con la arquitectura. Ambas son la expresión de una cultura en un lugar y un tiempo concretos. Al igual que podemos identificar determinadas construcciones con naciones concretas, también hay ciertas divinidades que son indistinguibles del lugar de su aparición. No se podría entender el Templo de Hatshepsut en el norte de Europa ni el Stonehenge en el desierto egipcio, al igual que no podríamos pensar en Anubis siendo adorado en las antiguas Islas Británicas.

Y es que cada cultura, a lo largo y ancho del planeta y del tiempo, ha tenido sus divinidades particulares con sus nombres propios. En ocasiones se identifican las divinidades desconocidas de un pueblo con otras más cercanas, pero cada una posee particularidades que las diferenciaban de sus semejantes. Estos dioses no constituian una lista estática sino que un mismo pueblo cambiaba con frecuencia sus divinidades favoritas a lo largo de los siglos, estableciéndose distintos cultos, tendencias y corrientes que evolucionaban de forma dinámica.

Podría parecer que con la llegada del cristianismo se cortó este flujo evolutivo y se estancó, pero no es cierto. Distintas formas de pensamiento dentro del cristianismo se han ido sucediendo en el tiempo, incluso la proliferación de distintos santos y su patronazgo nos ponen en relación directa con el politeismo. La arquitectura también cambia, reflejando y materializando cada etapa histórica: Edad Media, Renacimiento, Barroco... tienen su estilo propio, hasta llegar al Neoclasicimo y los Hitoricismos (s. XIX), caracterizados por la copia más o menos efectiva de estilos anteriores. Fue el momento en que la Historia se consolida como disciplina científica y comienza un resurgimiento y fanatismo por las antiguas culturas, y por justificarlo todo en base a las mismas ("el Tarot y la Ouija lo inventaron los antiguos egipcios...").

La historia de la Arquitectura, quizás porque es la historia que mejor me conozco, me lleva a establecer vínculos con nuestra situación actual en el paganismo contemporáneo. Hemos desarrollado unas formas propias de culto y celebración que no son las antiguas. Tenemos creencias, filosofías y pensamientos que, aunque tengan una gran herencia del pasado, podemos decir que son propios de nuestro tiempo. ¿Por qué no tener también divinidades contemporáneas que se adapten a nuestra realidad? ¿Por qué no puedo evitar relacionar la Wicca con el Neoclasicimo y la copia directa de panteones antiguos?

Hablar de arquitectura contemporánea en un blog de paganismo es duro, lo sé, y más cuando el común de la gente asocia la arquitectura moderna con los horrorosos bloques de pisos de la burbuja inmobiliaria, o con idas de olla de artistillas famosos. Pero se podría decir que actualmente la arquitectura da respuesta a la sociedad contemporánea, tienen una voz propia que no está apoyada en elementos estéticos ligado a estilos concretos. De hecho, las mejores obras contemporáneas huyen de la ornamentación, dejando que los propios materiales que la consituyen y la ténica con la que se realizan se expresen.

La arquitectura romana tiene muros, bóvedas, columnas, cúpulas, pilares, vigas. Una catedral gótica también. Los elementos que la componen son muy similares en esencia, cambia el lenguaje, cambian las formas. ¿Podría pasar lo mismo con las divinidades? ¿No tienen todas ellas elementos en común que son inherentes al hecho de ser una divinidad, al igual que una casa tiene que tener muros, ventanas y techo? ¿Es una divinidad una forma estética, sujeta a modas, estilos, y corrientes concretas? Y de ser así, ¿cuál sería su esencia, su forma depurada? ¿Es la divinidad original tal y como la adoraban sus primeros creyenets? ¿o el arquetipo de la divinidad, entendiendo éste como su forma desnuda y despojada de elementos estéticos?

Me inclino a pensar que, al igual que se ha demostrado con la historia de la arquitectura, las divinidades que pertenecen a esta aldea global contemporánea acabarán dejando atrás los elementos estilísticos, los ropajes con los que se visten, la cultura de la que provienen. O tal vez lo hayan hecho ya. Quizás por eso han calado tan bien en el mundo de espiritualidad los conceptos de Triple Diosa, de Dios Astado. Porque son figuras eternas y que a la vez pertenecen a nuestra época más que a ninguna otra.

3 ene 2017

Protección psíquica en comidas familiares y otras anédcotas

Punto 1: Estoy empezando la revisión de las notas que tengo en mi portátil, y necesito publicarlas o eliminarlas para ir haciendo espacio. Esta que sigue es una nota que escribí hace tiempo, tal vez uno o dos años, y que tenía por ahí almacenada. Incluyo reflexión posterior.

Habitualmente me sucede, en las cenas de familia, con alguien que me acaban de presentar o con gente con la que trabajo. No soy capaz de mantener una conversación normal. No me interesa, me aburre pero además no sé hablar de trivialidades. No sé qué añadir, no sé hablar sin decir nada. No me gusta contar mi vida, hablar al final del día de todo lo que he hecho o dejado de hacer. No sé contar cotilleos, hablar de lo que me han contado, hablar de otras personas.
¿Por qué nadie habla de las cosas realmente interesantes? Con la de temas que hay a lo ancho y largo del mundo para tratar. Sería tan feliz hablando de los cambios socio-políticos, de educación, de música y cine, de religiones, de magia, de brujería, de si nos afectan o no los movimientos de los planetas, de la felicidad, de la vida y de la muerte, del destino, del amor, de arte, de arquitectura, de ciudades, de lo que uno piensa y de lo que uno siente.
Con la de cosas que hay para hablar, con la de cosas que uno puede decir, ¡¿queréis dejar de preguntarme por la maldita carrera?!
Supongo que por este motivo valoro tanto a esos amigos con los que se me van las horas hablando y hablando...
Luego llego a casa y la Santa Inquisición me pregunta que con quien estuve, que como le va, y no tengo ni idea de qué decir porque nos hemos tirado toda la tarde hablando de matemáticas, del cerebro, de series, de dibujo y de té. ¿Cómo voy a saber si le va bien o mal o si le gusta lo que hace?
Eso sí es magia.
Punto 2: dicho esto, es cierto que simpre me han resultado un poco difíciles las comidas familiares. Encontré que realizar un ejercicio antes de las mismas me ayuda muchísimo. El ejercicio consiste en realizar un escudo de luz a nuestro alrededor, seguro que cada uno tiene su forma de hacerlo, yo lo hago a la manera correliana, haciendo hincapié en cerrarme a toda energía indeseada mientras me mantengo abierto a las energías positivas.

Este ejercicio me resulta de gran ayuda por un motivo: lo que creemos de nosotros mismos lo creamos. Por algún motivo una de las cosas que yo creía de mi mismo es que era introvertido y no sé relacionarme con la gente. Es cierto que en ocasiones me cansa, y que hay gente con la que conecto mejor y gente con la que conecto peor. Pero al realizar ese ejercicio me deshago de los prejuicios que pueda tener conmigo mismo y con los demás y me abro, lo que resulta siempre muy positivo. 

Punto 3: más allá de las comidas familiares, me encontré que también me costaba abrirme a conocer gente nueva porque tenía miedo de resultar antipático, aburrido o vaya usted a saber lo qué. Pues hice un pequeño hechizo para sanar mi sombra que en resumidas cuentas consistía en quemar cosas que no me gustan de mi mismo y cosas que me gustaría mejorar. Tachán! Sorpresa, mi nuevo compañero de piso da clases de inglés y de conversación en inglés, por lo que tiene mucha soltura también para hablar. Un día estábamos comiendo juntos y va él y me suelta que conmigo era muy fácil convivir porque soy una persona muy sociable. (JÁ!) Me ha encantado ver de una forma tan clara cómo de distinta es la imagen que tenemos de nosotros mismos de la que los demás tienen de nosotros. A veces nos preocupamos tanto de cómo somos que nos olvidamos de ser.

20 nov 2016

Mitos modernos y su validez no-histórica


Ayer (a saber cuándo fue ese ayer) escuché esta magnífica conferencia mientras trabajaba: "Cuentos y juegos como herramientas de conocimiento" de Jesús Callejo. que fue el complemento perfecto para el último programa de Encrucijada Pagana (cuando escribí originalmente este texto no anoté qué programa era, pero creo que me refería al dedicado a Marija Gimbutas). Tanto uno como otro han dado voz a unas reflexiones que llevaba tiempo haciendo dentro de mi.

Como no me gusta ir al grano de los asuntos, empezaré comentando una anécdota de un ensayo que leí recientemente: El animal público, de Manuel Delgado. En él, hacía referencia a una tribu de nativos americanos a los que se les dio una cámara para que documentaran su vida como ellos quisieran. Lo que se encontraron los antropólogos es que habían grabado de manera casi exclusiva los momentos de tránsito, cuando caminaban. Estos investigadores lo atribuían a la gran importancia que le daban a esos momentos intermedios, a la preparación y antesala de los grandes acontecimientos, en vez de a los propios eventos en sí. Y el autor lo usaba para justificar sus teorías sobre la importancia del espacio público.

Me ha recordado mucho a cuando voy de vacaciones con una cámara. Generalmente, la cantidad de fotos que saco es directamente proporcional a lo mucho que me aburra. Así, me suelen quedar casi sin fotografiar aquellos momentos clave y donde mejor me lo paso, porque en esos momentos precisamente es cuando me centro en el presente, en divertirme, en disfrutar. No en sacar fotos. Con eso vengo a decir que a veces las explicaciones son más simples de lo que pensamos. Quizás los indígenas no grababan sus tránsitos porque fuera lo importante para ellos, sino que quizás era entonces cuando se acordaban de encender la cámara. Algo parecido sucede con investigadores que dicen que los patrones en zigzag y puntos que se encuentran en pinturas rupestres responde a las visiones que tenía el "chamán" tras consumir plantas enteogénicas. Por esta regla de tres, los investigadores de dentro de 3000, 4000 o 5000 años, en caso de que encuentren mis apuntes del instituto se pensarán que en clase nos daban drogas de todos los tipos a juzgar por la variedad de garabatos que tengo en los márgenes de las hojas.

Está claro que un mismo hecho puede tener distintas interpretaciones, sobre todo allí donde hay menos documentación para atestiguarlo. Eso nos lleva a la historia del paganismo y otros asuntos como podría ser el feminismo. ¿Cuántas veces hemos leído en libros de Wicca acerca de la adoración del Dios Astado y la Diosa Madre, o incluso una Diosa Triple, desde los albores de la humanidad? ¿Cuántas veces se ha intentado justificar la existencia de coventículos de brujas en la antigüedad? ¿Cuántas veces se ha remitido a un pasado idealizado con una sociedad matriarcal que fue disuelto tras la llegada de un Dios-Padre?

Los mitos, los cuentos y las historias son espejos que reflejan las sociedades en las que se gestan. Pero no tienen que ser necesariamente escritos antiguos. Hoy también aparecen nuevos mitos para la nueva sociedad que somos. Todas esas afirmaciones que cuestionaba y que todos hemos leído quizás no tengan ninguna justificación histórica verdadera y, si la tienen, es mediante generalizaciones que se acaban alejando demasiado de las evidencias. Como si las sociedades precristianas fueran jauja o el epítome de la espiritualidad y la igualdad. Sin embargo, éstos son los nuevos mitos de nuestra sociedad que despiertan en nosotros el deseo de encontrar un equilibrio que se ha perdido, equilibrio con la naturaleza, equilibrio entre hombres y mujeres.

Un ejemplo muy popular nos lo encontramos con María Magdalena, que durante siglos fue considerada una prostituta en la imaginería popular y que en los últimos años su figura ha cobrado una relevancia mucho mayor. Desde el punto de vista histórico no ha habido ningún aporte que justifique este cambio de perspectiva. Yo entiendo que el aporte está en la propia sociedad que busca reivindicar el papel de la mujer en la historia. La culpa no es de Dan Brown y otros investigadores y novelistas que antes que él apuntaron en la misma dirección, sino de toda la gente ávida por comprar esa historia, por creérsela y hacerla así cierta. Es, en mi opinión, un mito moderno.

Todo este fenómeno no justifica que hubiera una Diosa única adorada por paganos y brujas. Significa que esa Diosa, que esa feminidad existe hoy y es importante, y que una gran parte de la sociedad actual ha dejado de reflejarse en los antiguos mitos. Hemos cambiado y tenemos una nueva imaginería. Sin embargo, creo que es importante que distingamos una verdad histórica de una verdad mítica o espiritual. No por nada, uno de los 13 principios de la Wicca establecidos en 1974 era:  

"No nos sentimos amenazados por los debates sobre la historia del Oficio, los orígenes de determinados términos, los orígenes de aspectos variados de diferentes tradiciones. Nos preocupamos de nuestro presente y nuestro futuro."

Necesitamos empoderar nuestro presente: esto que hacemos hoy, este paganismo, esta brujería, no se ha practicado nunca antes aunque beba de distintas tradiciones y corrientes. Para acabar quiero compartir esta frase que suele decir Jesús Callejo: la Verdad no está escondida en un templo, no está en lo alto de una montaña, no está en el fondo del mar. Está donde más difícil es acceder: en nuestro interior, en nuestras historias, nuestros cuentos, nuestros mitos. Aunque no sean ciertos.

21 oct 2016

3 películas diferentes para Samhain

Fotograma de la película Despedidas
Es usual que las celebraciones de la noche del 31 de octubre tengan un carácter festivo. Una de las formas más frecuentes de celebrar es ver una película con los amigos o familia. Hay muchos títulos que nos vienen a la memoria si pensamos en Halloween o Samhain, películas de brujas, de fantasmas, de miedo, de fenómenos paranormales o de risa. La pequeña lista que ofrezco a continuación no incluye ninguna de las características anteriores. Quizás la noche del 31 no es la más adecuada para verlas, pero su temática es muy adecuada para integrar y reflexionar en este tiempo. Estas películas abordan la temática de la muerte desde distintos puntos de vista. Tengo la sensación de que muchas veces dentro paganismo (como fuera de él) abusamos de la palabra "muerte" diluyendo su verdadero significado. Estas películas nos la recuerdan y nos conectan con la dimensión profunda de este hecho inevitable. Pero además, no hago recomendaciones a la ligera. Las tres son muy buenas películas que una vez empiezas no puedes parar de ver, muy sinceras y además, premiadas en distintos festivales de cine.

Truman. (2015) La aceptación de la muerte.
Una sorprendente película española que aborda una maravillosa relación de amistad entre los dos protagonistas, uno de los cuales es un enfermo terminal. Éste se tiene que enfrentar a su propia muerte, realizar los preparativos y despedidas, así como enfrentarse a un viaje que le produce más angustia de la que deja traslucir a sus seres cercanos. Sinceramente no me esperaba ver una película tan bonita con este argumento, los actores hacen una interpetación espléndida, muy alejada del dramón lacrimógeno que uno espera ver al leer el argumento. Quizás, y no destripo nada, muestra la importancia que tiene estar ahí, mostrando apoyo a la persona que va a morir, aunque no se diga nada, aunque no se haga nada especial. También abre la puerta a preguntas profundas de corte ético sobre el derecho a la eutanasia o la medicalización de la muerte.

Despedidas (2008). El tránsito y su rito.
Posiblemente una de las películas más interesantes para ver desde el punto de vista pagano. Explora la importancia de los ritos de paso y las tradiciones para reconfortar a la familia. En concreto se representa el rito de amortajamiento, ejecutado como una calculada coreografía de profunda belleza. Además, representa los tabús acerca de trabajar en el ámbito funerario y la no aceptación de un trabajo que es necesario.

Loreak (2014). El recuerdo y el duelo.
Si pienso en duelo no puedo evitar acordarme del exagerado luto que llevan las protagonistas de La Casa de Bernarda Alba. Sin embargo, el luto actual dista mucho de cómo se llevaba hace un siglo y esta película es buena muestra de ello. Un luto silencioso y somero, sólo incentivado por las personas más mayores de la familia. Negar la expresión de dolor o la visita de la tumba son una manera de no aceptar que la muerte se ha producido. Al final se puede observar que quien trató de ignorar esa muerte y su luto, no ha sido capaz de superarla y busca una cierta reconciliación con el difunto. Una película lenta pero muy poética y nada lacrimógena.

11 oct 2016

Extractos de The Pagan Book of Living and Dying

Para Lola.
Los siguientes textos son extractos, artículos y meditaciones traducidos de un libro llamado The Pagan Book of Living and Dying, escrito por Starhawk entre otros autores. Es un libro escrito desde una óptica pagana y por lo tanto entiende la muerte desde el punto de vista de la tradición que profesan los autores. Uno de los temas recurrentes es la importancia que tiene la muerte para que la vida pueda existir. A nuestro alrededor, y en la naturaleza, todo sigue un proceso cíclico de muerte y resurrección. Sin embargo, vida y muerte no son términos absolutos sino que una contiene la semilla de la otra como el yin y el yang. La fruta tiene que caer, pudrirse y morir para que la semilla pueda crecer. Las hojas de los árboles pueden caer, pero están lejos de estar muertas pues al una vez en el suelo facilitan que un gran número de seres puedan vivir para descomponerlas, etcétera. Y sin embargo, la muerte de un ser querido dista mucho de la llegada del otoño y la caída de las hojas. Es un proceso muy complejo en el que se mueven muchos sentimientos. A continuación traduje alguno de los artículos que tratan específicamente el hecho de cuidar a una persona que va a morir. Quizás no es lo que yo hubiera escrito ni lo que yo pienso, pero como todos los materiales que hay en el paganismo, puede ser un punto de partida interesante donde nosotros quitemos o añadamos según sintamos que sea adecuado. Espero que mi flagrante violación del Copyright pueda ser de utilidad.
 
Una vigilia en un lecho de muerte es extrañamente similar a la vigilia a la espera de un nacimiento. La muerte tiene su propia forma de trabajar.
Muchos años atrás, cuando el marido de Macha, Rod, estaba acostado muriendo, ella me pidió (a Starhawk) que estuviera a su lado, que me sentara junto a su cama. Mientras cantábamos y hacíamos todo lo que creíamos necesario para facilitar su tránsito, yo contemplaba su trabajosa respiración. En los últimos estadíos del cancer, su cuerpo maltrecho sudaba y trabajaba por estar vivo. Yo diría que el esfuerzo de tomar aliento para él sería equivalente a levantar pesas o luchar para empujar un carro pesado cuesta arriba para mi. No había esperanza de recuperación, la conciencia se había ido. Él estaba claramente listo para morir. Cada aliento simplemente prolongaba su sufrimiento. Sin embargo, su cuerpo continuaba esforzándose por respirar, por vivir. En ese momento, me di cuenta de algo profundo: aunque siempre hemos invocado a la muerte como la Implacable, la vida puede ser también una fuerza igual de implacable. La muerte puede venir como una liberación en una nueva dimensión, igual al nacimiento de un infante es una liberación en un nuevo mundo.
Estar presente cuando alguien está muriendo es un regalo y un reto.

En el libro, en cuanto a cuidados específicos de una persona que está a punto de morir, poco se dice. Es importante dar amor, pero más importante es saber lo que la persona en tránsito quiere o necesita. Podemos cantarle, prepararle té, darle masajes, hacerle tratamientos de belleza y todo lo que la haga sentir bien y que le apetezca a esa persona. Muchas veces, simplemente con estar ahí y sostener su mano puede ser suficiente. Por si a alguien le interesa, en el resto del libro hay reflexiones sobre la muerte en el paganismo y la teología que está detrás de la misma, analizando creencias y demás.

Resumen del artículo "Muerte, Salud e Higiene", de M. A. Bovis: 
Acompañar a un difunto y elaborar un proceso de duelo posterior es una tarea extenuante que requerirá que cuidemos de nosotros mismos. Para ello, se ofrecen cinco consejos:
1 Ducharse diariamente para limpiar la negatividad que podamos haber absorbido.
2 Dormir y comer de forma adecuada para fortalecer nuestro sistema inmune.
3 Tomar vitaminas por el mismo motivo
4 Mover el cuerpo, centrarnos en nuestro yo y ahora.
5 Que nos den un masaje, cortarnos el pelo, hacernos la manicura o pedicura, un afeitado, una depilación, un tatuaje, cualquier forma en la que consideremos que adoramos nuestro cuerpo que  nos sostiene. Importante no olvidarnos de cuidarnos a nosotros mismos en el proceso de cuidado de otras personas.

Purificación
Cuando alguien está muriendo, todo lo que alguna vez hemos sentido por esa persona está a flor de piel y lo sentimos con gran intensidad, tanto los buenos sentimientos como los malos. Las relaciones son raramente claras y simples, y nuestro amor por la persona en tránsito puede venir acompañado con enfado, envidia, amargura u otros sentimientos no placenteros. Esos sentimientos son reales, son válidos, pero no es apropiado expresarlos cuando la persona está muriendo.
Dado que la muerte es una pérdida de control, podemos ser útiles para la persona moribunda simplemente dejando que tome el control de la situación en todo lo posible. Si hay asuntos pendientes entre las dos personas, deja que sea la persona moribunda quien los saque a conversación (o no). Sé cuidadoso en no decir nada de lo que luego te puedas arrepentir.
En el Arte somos enseñados a conocer nuestros propios sentimientos, pero no necesariamente a dejarlos aflorar. Necesitamos desarrollar el poder  interno para sostener un sentimiento sin expresarlo inmediatamente, para contener emociones fuertes sin reprimirlas. Si en algún momento lo necesitamos, podemos acudir a una purificación con agua salada.

Meditación con la Luna para enfrentarnos a la muerte
Esta meditación puede ser usada por los que van a morir, pero también es útil para los cuidadores, para ponerse en el lugar del moribundo.
Acuéstate en un lugar seguro, en un espacio protegido. Enraízate y cierra un círculo a tu alrededor si así lo deseas. Sitúa tus manos sobre tu vientre y respira profundamente. Imagina que estás respirando con tu útero. En caso de que no tengas un útero físico, aún tienes un centro creativo generador de energía en tu vientre.
Según respiras, imagina la esfera oscura de la luna nueva llenando tu vientre. Una delgada curva de luz plateada comienza a asomar por la derecha. Llámala por su nombre: Artemisa, dama salvaje de los bosques, la que lleva el arco de luna, la Cazadora. Piensa en aquellos momentos de tu vida en los que has empezado algo nuevo: la escuela, el trabajo, las relaciones, las amistades, los proyectos. ¿Cuáles fueron los cualidades que te sostuvieron? ¿Cómo eran las energías que te rodeaban?
Ahora también estás entrando en un nuevo proceso, el proceso de la muerte. Estás a punto de embarcarte en una aventura salvaje en un país desconocido. Llama a Artemisa, la Luna Creciente, llama a la valentía de la Cazadora. Tienes el poder de encontrar tu camino en lo salvaje, sin mapas ni guías. Nuevos instintos despiertan en ti, la sabiduría oculta de tu cuerpo ha aguardado este momento. Respira el poder de los comienzos.
El tiempo pasa y bajo tus manos la luna crece, pasando de creciente a llena. Siente la esfera luminosa que te llena ahora. La luna llena es el tiempo de las culminaciones. Piensa en los momentos culmen en tu vida, los sueños cumplidos, los planes que has desarrollado. ¿Cuáles fueron las fortalezas que te sostuvieron? ¿Qué energías y sentimientos te rodeaban?
Llama a las cualidades que traen la culminación y piensa en cómo la realización trae consigo un final. La fruta madura cae del árbol. ¿Qué está maduro en tu vida? ¿Qué dejarás detrás que siga verde o que no ha tenido la oportunidad de florecer?
Respira la luz de la luna llena e imagina que estás siendo llenada con el amor entregado libremente por la Madre, ella que derrama su amor en el universo sin pedir nada a cambio. Llama su nombre, Diana. Confía en que su amor te sostendrá y su cuerpo te recibirá. Respira el poder de la Luna Llena.
El tiempo pasa y bajo tus manos la luna mengua. Pasa de llena a cuarto menguante, curvándose a la izquierda, hasta que la luz desaparece en una esfera oscura. Ahora el final ha llegado. La luna oscura es Hécate, la Anciana, Diosa de las encrucijadas que guarda la es camino hacia la tierra de los difuntos. Según te acercas a su Reino, piensa en esos momentos de tu vida en los que has dejado ir, en los que has llevado algo a su fin. ¿Qué cualidades te sostenían? ¿Qué energías te rodeaban?
Llámalas, llama al poder de la Anciana, llama su nombre, Hécate, pues ahora es el momento de despedirse, decir adiós a la gente que has amado y cuidado, adiós a las madres y padres, niños, amantes, amigos. Allí a donde vas, ellos no pueden seguirte. Respira hondo y déjalos ir.
Di adiós al trabajo, el trabajo que te llenaba y te mantenía, al trabajo creativo y al trabajo pesado, adiós. adiós. Deja a un lado tu éxito y deja atrás tus fracasos. ¿Qué has dejado inacabado, sin hacer? Dile adiós, pues ahora no es momento de hacerlo. Respira hondo y déjalo ir.
Di adiós a tus sueños, los que has vivido y los que has pospuesto. Ahora es tarde para eso, déjalos ir. Di adiós a tus miedos. Pronto nada podrá hacerte daño. Di adiós a ver nuevos lugares, hacer cosas nuevas, viajar y disfrutar, comer y beber, adiós. adiós. Respira hondo y deja ir los placeres del amor, del sexo y el tacto.
Di adiós a tus ojos, a los colores brillantes del día, a la luz plateada de la luna, la leer y a ver, adiós, adiós. Adiós al sabor y al olor, al café caliente en las mañanas, a la fruta dulce y al pan recién horneado. Adiós a hacer de vientre, a orinar, a echarse pedos; adiós a los cortes de pelo, a lavarse los dientes, a ir al médico; adiós a la curación, a la digestión, al crecimiento, a todas aquellas cosas que el cuerpo hace. Adiós a las esencias de las rosas y adiós al sol y a la lluvia y a la textura de una mano bajo tu mano. Adiós a la música, adiós al sonido de una conversación y a los murmullos cariñosos, adiós, adiós. Respira profundamente y di adiós a la respiración.
Imagina que devuelves tu cuerpo a la tierra y descansa en silencio.
Pero incluso en el silencio de la tierra, el tiempo no deja de existir. El cambio viene y en la luna oscura crece una delgada curva de luz plateada, a la derecha. Respira profundamente y llama de regreso a la respiración y a la forma. Siente tu poder de comenzar de nuevo, de que crezcan nuevas orejas y ojos, de transformarse en una nueva forma y oleada de vida. ¿Qué parte de tu antigua vida te gustaría recuperar? ¿Qué parte dejarías que se deshiciera en la tierra?
Llama de nuevo los poderes de Artemisa, y deja que la luna crezca.
Cuando te sientas llena de nuevo con los poderes de la energía de los comienzos, agradece a la luna en sus aspectos (Artemisa, Diana y Hécate) y deja que la luna regrese al cielo. Lentamente, muévete y estírate y vuelve en ti. Tantea tu cuerpo, siente sus límites. Di tu nombre y da tres palmadas. Cuando estés listo, siéntate. Antes de que se te olvide, querrás escribir tu experiencia en tu diario. Después, abre su círculo y asiéntate de nuevo en la corporeidad comiendo algo.

30 ago 2016

La bendición del río


Sea tu vida como el largo río.
Fuerte y cantarín al comienzo,
derrochando vigor y energía sin esfuerzo,
capaz de horadar montañas,
lleno de belleza, pureza y salud.

Que en tu camino bebas de muchos otros ríos
que las fuentes, manantiales y afluentes
colmen tus aguas de experiencias y descubrimientos
que seas lleno de vida, 
con fertilidad desbordante que todo inunde a tu paso.

Y que al final sea tu curso sereno y calmo,
llevando tus aguas sin prisa y sin pausa en tu trayecto último,
de superficie tranquila pero profundas aguas llenas de sabiduría,
con un caudal imparable y seguro que recoge la memoria del camino recorrido.

Y sea tu fin como lo es el de un río:
la desembocadura en el gran mar al que todas nuestras aguas van a parar, sin dolor ni pesar,
con la seguridad de que en tu curso habrás llevando vida y alegría allí por donde has pasado
y con la certidumbre de que, bajo la luz del Sol, tus aguas se alzarán a los cielos 
para volver a inundar la tierra con tu bendita presencia de nuevo.

8 ago 2016

La muerte en la actualidad occidental: la muerte prohibida.


"A lo que más se parece la vida humana es al hierro. Si la empleas, se desgasta. Si no lo haces, la consume el óxido."
Marco Porcio Catón (234-149 antes de nuestra era)


En su artículo La Pornografía de la Muerte Gorer explica que en la sociedad victoriana de Inglaterra a los niños se les decía que los traía una cigüeña de París, pues había un gran pudor sexual, pero no había ningún problema en que vieran y entendieran el funeral de sus abuelos. Llegados al siglo XX, a los niños se les aparta de la muerte, se les dice que Jesús se ha llevado a los difuntos, que éstos han ido al cielo o a un jardín lleno de flores, o bien que están durmiendo.

La muerte se convierte por lo tanto en un gran tabú. Se expulsa de casa, se hospitaliza y se convierte en un"fenómeno técnico", en una enfermedad. Se oculta, incomoda y no conviene hablar de ella. Es un asunto privado, que se trata de puertas para adentro. Al contrario de lo que se pensaba en el pasado, se valora positivamente que alguien haya muerto sin notarlo, con rapidez. Además, se trata de evitar que el enfermo sepa que va a morir, no estamos preparados para comunicarlo, no sabemos qué hacer en esas situaciones. Se considera, eso sí, que debe hacerse con sosiengo no vaya a ser otras personas sean molestadas o incomodadas con excesivas demostraciones de dolor.

Hay una ley no escrita de silencio que, sin embargo, podemos ver que llegado el siglo XXI se empieza a romper, pues aparecen asociaciones, voluntarios y ayuda especializada para sobrellevar este último trance, así como para que los supervivientes puedan aprender a enfrentarse a la elaboración del duelo.

La forma de tratar el cuerpo del difunto también cambia. Aparecen los tanatorios como alternativa al velatorio en las casas propias. Son lugares muchas veces anodinos y carentes de simbolismo, normalmente situados en carreteras a las afueras de las ciudades. En Estados Unidos se les conoce como funeral homes y cobran importancia los servicios de embalsamamiento con la finalidad de que el difunto ofrezca una cara tranquila y con apariencia de vivo durante el velatorio, como si durmiera plácidamente, con el fin de ocultar el crudo rostro de la muerte.

Otra de las características más importantes del siglo XX es que la cremación cobra cada vez una popularidad mayor. Lo que antaño era impensable por motivos religiosos hoy se está convirtiendo en una tendencia en alza. Esto se podría explicar de distintas formas. En primer lugar, el cadáver es visto como un inconveniente y se buscan alternativas limpias y rápidas para deshacerse del mismo. En segundo lugar, en una sociedad cada vez más globalizada, es difícil que las personas se sientan enraizadas en un solo lugar. Ya no queremos estar "para siempre" en nuestro pueblo o en nuestra ciudad. 

Los detractores de la incineración la ven como algo demasiado definitivo ya que en la mayoría de los casos, las cenizas del difunto no se ubican en un lugar concreto al que se pueda acudir para rendirle culto o memoria. Por otro lado, creciente tendencia ecologista ve la cremación como una oportunidad de reintegrarse en el ciclo de la natrualeza de tal forma que la materia restante vuelva a formar parte de la vida. Además, en algunos casos las cenizas del difunto se conservan en la propia casa, lo cual puede ser positivo para no olvidar la memoria del difunto, pero también puede ser negativo si ese recuerdo se convierte en obsesivo y somos incapaces de "dejarlo partir".

Quizás, y esto es una reflexión personal, entendemos que una vez muertos el cadaver no es ya portador de nuestra identidad. Por el contrario, nuestra forma de inmortalidad, o de seguir perteneciendo al mundo de los vivos, es la fama. Ser recordados por aquello que hemos hecho, por nuestros logros y victorias personales.

Además de todo lo mencionado, hay algo que puede resultar especialmente negativo. En una sociedad de la inmeditez y la rapidez, el periodo de duelo no encuentra cabida. El ritmo es tan acelerado que la muerte de un individuo no afecta a la sociedad. Pasarse un año o un mes encerrado en casa parece algo impensable! La muerte se expulsa de la casa, de la ciudad y también de la sociedad. Es más, con el creciente aumento de la esperanza de vida, muchas personas son expulsadas de la sociedad antes de morir. El trabajo, la posición adquirida durante años de trabajo se esfuma muchas veces con la jubilación, que hace que la vida de muchas personas pierda su sentido y sus relaciones personales se deterioren rápidamente. Hoy mueren ancianos solos en sus pisos y en los hospitales, lo que antes era impensable.

Pero volvamos al duelo. Según Arnold van Gennep los ritos tienen tres pasos: separación, umbral y reintegración. La separación sería el hecho en sí de la muerte, que aparta al individuo del mundo de los vivos. El umbral hace referencia al tránsito, a lo liminal. Es un momento en que tanto el difunto como los dolientes se encuentran perdidos. Y el tercer paso sería la reintegración, en que los vivos retoman su papel en el mundo de los vivos y los muertos pasan a perder su indivudualidad para formar parte del colectivo de ancestros. Sin embargo, todo sucede tan rápido que en los funerales occidentales sólo se hace referencia a los dos primeros puntos, pero el tercero no se toca. Y como la muerte es un tabú y no hay tiempo para el duelo, nos integramos demasiado pronto al frenesí de vida occidental, lo cual acaba desenvocando en problemas psicológicos que afloran más tarde o más temprano.

Si recordamos la clasificación de Philippe Ariès sobre los tipos de muerte, éste denominaba muerte domanda o domesticada a la que se producía en la Edad Media por su cercanía, su cotidianeidad y su familiaridad. Se sabía exactamente qué hacer y en qué momento. Lo peor que te podía pasar era morir de forma repentina sin disponer todo lo necesario tanto en el mundo físico como en el espiritual para el momento de la muerte. Esta muerte se enfrentaría a la actual, prohibida, silenciada, que se expulsa y pierde toda cercanía con la sociedad salvo en eventos especialmente traumáticos como atentados y grandes accidentes que lleven a un duelo en común. 

Podríamos caer en la tentación (Ariès parece sugerirlo) de pensar que la relación con la muerte antaño era mucho más saludable, más natural. Sin embargo creo que sería un error pensar esto y negar de pleno la sociedad en la que vivimos. No creo que sea necesario que los velatorios se vuelvan a realizar en la habitación del difunto o que los muertos se entierren en el centro de la ciudad. Pero tener consciencia de que, aunque sólo sea físicamente, somos efímeros, nos ayuda a ver las cosas desde otra perspectia. Aparta de nuestra cabeza la fantasía de la inmortalidad y nos puede ubicar en la naturaleza y sus ciclos, entendiendo que somos parte de algo mucho más grande y que, en ocasiones, aquellas pequeñas preocupaciones que llenan nuestra cabeza tal vez no sean tan importantes después de todo.

Nosotros, que somos paganos, no debemos olvidar la gran verdad sobre la muerte: es necesaria para que haya vida. Vida y muerte se entremezclan en los umbrales. Decían las enseñanzas platónicas que el nacimiento era la muerte del alma dentro del cuerpo. Para muchos, la muerte es un nuevo nacimiento hacia otra vida. En este sentido, las tumbas de nuestros difuntos son sagradas porque nos recuerdan nuestra propia mortalidad, nuestro momento final que, junto con el nacimiento, son los dos grandes umbrales que enmarcan nuestra vida.

9 jul 2016

La muerte a lo largo de historia

La Isla de los Muertos, de Arnold Böcklin, 1886.
Hablar de la muerte es complicado. Genera rechazo, se niega como si no existiera. Además, cada uno tiene una experiencia personal diferente al respecto, por lo que es complicado generalizar. Sin embargo, vivimos en un mundo en que se nos bomardea con una muerte banalizada a todas horas: en los telediarios, en las películas, en los libros... Se simplifica el asunto, los muertos se convierten en números o bien se usan como excusa argumental para dar más espectacularidad o generar un impacto. La muerte también impregna nuestro vocabulario habitual, despojándola de su profundo significado. Así, decimos que se murió la batería de nuestro móvil, que mataríamos por alguien o algo, que morimos de amor, de pena, de sueño... Y así, le restamos la importancia que tiene realmente.

Porque sí, la muerte tiene importancia. Quizás es lo que menos necesitas escuchar en un momento de duelo, pero es necesario que haya muerte para que pueda haber nueva vida. Este asunto se ha convertido en uno de los temas principales de muchas religiones, llegando a ser una pieza esencial en la configuración de las culturas en sí mismas, según algunos autores. Se ha tratado este asunto desde el comienzo de la humanidad. Sin embargo, eso no significa que haya tenido el mismo tratamiento. Todo cambia, la muerte también.

Es muy complicado tratar de saber qué pensaba o sentía la gente en las distintas épocas históricas con relación a la muerte de un ser cercano, pero sí podemos saber algo de sus costumbres y de cómo éstas han ido variando.

Si echamos un vistazo a la antigua Roma, veremos que la muerte se expulsaba de la ciudad y los vivos realizaban ofrendas a los muertos para impedir que éstos regresaran, pues eran temidos. Más tarde, los primeros cristianos enterraban con cuidado a sus muertos esperando su pronta resurrección. Muchos se conservaban en catacumbas, pero los primeros mártires y santos se singularizan con edificios conocidos como "martiria". Estos edificios eran las primeras iglesias, que no se concebían sin una sepultura de un santo en su interior para poder "funcionar". Esto irá desembocando en una "reliquiomanía" que contradecía toda ley y toda escatología cristiana. Si bien los huesos de una persona deben conservarse para su posterior resurrección, siendo delito su profanación, los restos de los santos se exhuman, se parten, se trafican, se exportan (también se falsifican). Serán en sí mismos "baterías" energéticas que hacen funcionar iglesias, cementerios y milagros, contagiando su santidad a vivos y muertos. Algún fervoroso fiel se ha llevado de un mordisco restos de un santo para su propia parroquia tras una peregrinación hasta sus huesos.

Con el paso del tiempo se fue viendo que aquello de la resurrección de los muertos iba para largo. No olvidemos que en el cristianismo primitivo se pensaba que la segunda venida de Jesús con el Reino de los Cielos estaba a la vuelta de la esquina. Pero entre venía y no venía, cayó el Imperio Romano y llegamos a la Baja Edad Media, el borrón y cuenta nueva de la historia. En esta época surge lo que Philippe Ariès llama la Muerte Amaestrada o la Muerte Domada. Es decir, lo bueno era saber que te ibas a morir, ser consciente de ello y realizar los preparativos oportunos. Los best-seller de la época son los Ars Moriendi, libros que explican precisamente cómo morir. 

Cuando uno sabía que se iba a morir, avisaba a sus seres cercanos, se acostaba en su lecho de muerte y se montaba un evento a caballo entre el espectáculo y la reunión social. Se juntaban sirvientes y servidos, vecinos, el sacerdote y, por supuesto, niños. Los niños tienen una curiosidad innata por la muerte; en la Edad Media la muerte no se les escondía, era algo familiar a la vez que instructivo. Habías visto tantas muertes a lo largo de tu vida (no sólo familia sino también vecinos) que sabías perfectamente cómo morir, las palabras que tenías que decir, los ritos que se debían realizar. 

En esta época, lo peor que te podía pasar era que murieras de repente, por accidente, sin ser consciente de ello. Esto generaba un gran rechazo. Además, la muerte estaba presente de forma muy física. Los cadáveres se entregaban a la iglesia, que los enterraba en sus terrenos someramente y sin importar demasiado dónde. Como con todo, van surgiendo modas. Los ricos solían estar más cerca de los santos o del altar, porque se suponía que su influjo benéfico era mayor. Algo así como un pase rápido a los cielos. Estos terrenos eclesiásticos, no hay que olvidarlo, coincidían con el lugar de celebración de festejos populares, por lo que, literalmente, se bailaba sobre los muertos. Ariés comenta que no sería raro que afloraran huesos a la superficie. Además, a los gases de descomposición de los muertos se les atribuían facultades proféticas, como avisar de tormentas o advertir de desgracias.
 
Otra caracterísitca muy importante de este período es que los muertos no se individualizaban. Atribuyámoslo a que no había un afán egoico tan grande como hoy, o a que no se sabía escribir, pero sólo los más ricos tenían alguna pequeña inscripción indicando un nombre que no tenía por qué coincidir con la posición de su cadáver.

No me pararé en la Alta Edad Media, es un poco más de lo mismo, sólo que varían ciertas concepciones escatológicas. Ariés la denomina la Muerte Propia, o muerte de uno mismo. Aparece la idea del Juicio Final, purgatorio, lo que significa que ya no basta con ser creyente para entrar en el cielo sino que es preciso que el alma esté libre de pecado. El duelo se "prefabrica", se dan unas pautas concretas y unas normas que tienen que ser seguidas, pero se instala la sobriedad frente a las manifestaciones espontáneas de dolor anteriores. Además, van apareciendo tumbas y, a partir del XIII, pequeñas lápidas conmemorativas que ya llevan el nombre e los difuntos.

Según vamos avanzando en la historia, la cosa cambia. El Renacimiento trajo un antropocentrismo que expulsó a Dios del centro de la vida de la sociedad. Se afana más el carácter individual y se buscan lugares concretos para ser enterrado, cerca de sepulcros de familia, frecuentemente. A la gente le empieza a preocupar más vivir bien que morir bien, y paradógicamente esto genera una cierta cultura macabra. Aparecen las danzas de la muerte, representaciones de cadáveres y esqueletos, memento mori... que incitan a celebrar y vivir la vida mientras se disponga de tiempo. 

Luego tenemos el Barroco, que es todo drama y teatralidad. Por lo tanto, más macabro. Capillas realizadas con huesos, tumbas fastuosas y cobran una gran relevancia las pompas fúnebres, sobre todo de personajes relevantes.

Y por fin llegamos al Romanticismo del siglo XVIII, donde las cosas empiezan a cambiar. En primer lugar, cambia el modelo familiar y social. Las relaciones pasan a estar basadas en los sentimientos y afectos más que en meros negocios frecuentemente organizados por parte de los padres de los novios. Eso llevará a un miedo por la Muerte Ajena, la de los seres queridos, y el deseo de que ésta no se produzca. El luto se convierte en una expresión histérica de dolor.

Además, durante el Romanticismo, la muerte da la mano al amor, sobre todo en representaciones pictóricas y obras literarias. El amor superando la frontera de la muerte, la unión entre vivos y fantasmas de difuntos, cobran gran popularidad. La muerte aparece asociada también a la naturaleza, y se crean cementerios que son concebidos como parques. Por esta época empiezan a surgir voces higienistas en contra de los antiguos enterramientos sin control, y los peligros para la salubridad que éstos cementerios tenían. Por tanto, los cuerpos de los difuntos dejan de entregarse a la iglesia. Así pues, la muerte ha perdido la familiaridad de antaño y en el siglo XIX es expulsada a las afueras de las ciudades, donde se costruyen la mayoría de los cementerios que tenemos hoy en día.

A su vez, se intenta que éstos nuevos cementerios no caigan en el olvido más absoluto. De acuerdo con las corrientes filosóficas de la época (Positivismo), se pensaba que el culto a los muertos era el germen de la civilización y se incentivaba el mismo para mantener la memoria de los antepasados . Así, los filósofos y los religiosos se dan la mano y se populariza la visita a los cementerios en el día de difuntos (1 o 2 de noviembre). Ojo, aclaración, el Día de los Difuntos ya existía, pero se dedicaba a la oración [según pude encontrar], es en este momento cuando el hecho en sí de visitar las tumbas de nuestros antepasados cobra importancia.

Además, en el siglo XVIII sucede algo singular. Los testamentos, que hasta el momento habían tenido un carácter religioso-moral, se vuelven laicos, como un mero legado de bienes y últimas voluntades. Ésto se ha querido ver como uno de los indicios de desacralización de la sociedad.


Y por último, llegamos al siglo XX y a la actualidad, donde más cambios se han producido con respecto al enfrentamiento de la muerte. Philippe Ariès la denomina la Muerte Prohibida. Pero eso quedará para la próxima entrada.

Bibliografía breve:

Ariès, Philippe. El hombre ante la muerte. Taurus, 2011.
Ariès, Philippe. La muerte en occidente. Madrid: Argos Vergara, 1982.

Rader, Olaf B. Tumba y poder:: el culto político a los muertos desde Alejandro Magno hasta Lenin. El ojo del tiempo (Madrid) 4. Madrid: Siruela, 2006.

4 jul 2016

Bailando sobre la tumba

Acabo de regresar de un viaje único. 
Hacía tiempo que un libro no me transportaba a tantos lugares maravillosos y a tantas culturas exóticas. Además me ha adentrado en la boca oscura de uno de los tabús más grandes de la contemporaneidad: la muerte. 
El libro en cuestión se llama Bailando sobre la tumba, del antropólogo Nigel Barley. Su fecha de publicación original es de 1995 y sus reflexiones sobre la sociedad actual están en plena vigencia. 
Es uno de las lecturas que más me ha gustado de los últimos tiempos, así que me propuse escribir sobre él y explicar las razones por las que deberías leerlo sin lugar a dudas. Desde luego, su lectura no dejará a nadie indiferente.

  • Tenemos una relación enfermiza con la muerte en nuestra sociedad actual. Posiblemente hablaré más sobre ello en futuras entradas. No hablamos de la muerte y por lo tanto, no sabemos cómo comportarnos, cómo reaccionar y cómo transitar por los procesos de duelo. Este libro ofrece una amplia perspectiva contraponiendo las visiones de la muerte en el mundo occidental con otras culturas.
  • Muestra la relación de pueblos paganos con la sociedad contemporánea. Cómo éstas cambian o mantienen sus ritos en relación al mundo que les rodea y las nuevas posibilidades que les ofrece. También, muestra como muchas de ellas se pierden. Cito:
 "Un kenduri musulmán -conjunto de oraciones para facilitar la travesía el alma de un muerto- en un bloque de pisos de Singapur. [...] Termina el fútbol y empieza una vieja película [...] con un kenduri de aldea; los hombres llevan estrafalarios tocados y están armados con dagas, y se escucha música tradicional.
-Mirad -digo para provocar-, malayos de verdad.
Ellos lo meditan.
-No -dice uno al fin- malayos de antes. Por favor, cambiemos de canal. Echan un partido de baloncesto."
  • Muestra de forma muy interesante la relación de la muerte con los ciclos naturales, con los ciclos estacionales, con los ritmos agrícolas y su ruptura en la sociedad contemporánea. 
"En la cultura occidental semejante noción de tiempo procede menos de la alternancia de las estaciones que de la regularidad de la programación televisiva. Ésa es la auténtica razón de que todo el mundo recuerde dónde estaba el día que mataron a Kennedy. Interrumpieron los programas de televisión." 
  • No da muchas y largas explicaciones sobre lo que expone, pero una lectura atenta por parte de un (neo)pagano revelará hechos muy significativos: la relación de la masculinidad y la feminidad con la vida y la muerte, la fertilidad, las ofrendas, el rito o trance por el que un muerto pasa a ser un ancestro, o se reintegra en el ciclo de la vida, distintas visiones del alma, ecologismo...Sus reflexiones sobre estos aspectos son muy enriquecedoras. Acerca de las ofrendas y donativos:
"Aquí no existe necesariamente receptor alguno. El propio hecho de que la recepción sea dudosa realza el presente. Lo que place es el simple hecho de dar."
  • Aunque no entre en detalles, es un libro muy interesante para leer en caso de que quieras elaborar un rito de paso fúnebre, o réquiem, como se le conoce habitualmente en el mundo de la wicca. He leído otros libros sobre la muerte específicamente wiccanos y, si bien estos ofrecen ritos precocinados y muchos textos de consuelo, he sentido que le falta detrás todas las reflexiones que contiene este libro sobre el mundo real en el que vivimos.
  • Es un libro lleno de anécdotas. Su lectura se hace muy amena, pues en capa capítulo mezcla experiencias del autor en primera persona sobre la muerte en sus viajes con reflexiones filosóficas y hechos o datos históricos.
  • No es para nada un libro macabro. Bueno, al final cuando habla de canibalismo un poco sí.
  • Por último, el título del libro lo dice todo: está lleno de un humor muy bien hilado. Para muestra, un botón: 
"Otra estratagema para vencer al tiempo es la alternancia entre lo individual y lo colectivo. En el ritual dowayo, los cráneos se guardan indiscriminadamente en grandes vasijas para indicar la transición entre el individuo fallecido y el antepasado colectivo. En adelante, los muertos pierden su identidad individual y sus nombres no volverán a mencionarse. Han vuelto a la fuente y ahora pueden reencarnarse. Éste es también el momento en que los vivos reafirman su propia individualidad. Las viudas cantan: "Hasta aquí vivimos todos juntos. Ahora yo me tiraré pedos en mi choza y tú en la tuya". Las flores no son el único idioma para hablar de estas cosas."